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El problema del humor en 140 caracteres

Entrada publicada el 31 de Enero de 2011 por John Tones

A estas alturas ya están más que al corriente de qué ocurrió el viernes por la noche en el twitter de Nacho Vigalondo: un sencillo y transparente chiste sin absolutamente ningún contenido político («Ahora que tengo más de cincuenta mil followers y me he tomado cuatro vinos podré decir mi mensaje: ¡El holocausto fue un montaje!») desató una inesperada oleada de reacciones que aún colea, con comentarios en prensa cinematográfica oficial y oficiosa que parecen más interesados en generar noticias que en transmitirlas. Algún cronista de la situación puede estar tentado de decir que el twit de Nacho fue «desafortunado», pero yo opino justo lo contrario: fue afortunadísimo. Por suerte, la popularidad y personalidad de Vigalondo le blinda contra la avalancha de idioteces que hemos tenido que leer después, y eso nos ha permitido a quienes estamos fascinados con los resortes del humor, en qué cosas hacen gracia y qué cosas no, obtener de primera mano un completo estudio de campo sobre la intolerancia a según qué chistes.

Cuando Vigalondo dice que aquel tuit fue «un detecta-gilipollas», tenía razón en algo independientemente de en si sirvió para detectar a seguidores de su Twitter con mayor o menor sentido del humor. También sirvió para detectar a aquellos con deficiencias en la comprensión lectora y con incapacidad para detectar lo implícito en un texto extremadamente breve, que como saben es un test de inteligencia infalible. En el tiempo que llevamos usando Twitter, no es de extrañar que Vigalondo, popularidad aparte, se haya convertido en uno de sus usuarios con más followers: la precisión de cada uno de sus 140 caracteres es total, ya que cada uno de ellos, como sabrá quien alguna vez ha querido expresar una idea compleja en este medio, vale su peso en oro. Igualado en ese sentido solo, quizás, por el gigante Mr. Winters y sus lecciones de misantropía en letales pedos de dos minilíneas, los mensajes de Nacho Vigalondo están meditados hasta su punto final, y por eso las acusaciones de «un desliz» o «un efecto de la borrachera» son ridículos: desde los signos de exclamación hasta la referencia a los cuatro vinos (que no por cierta está menos calculada), pasando por el arranque con la palabra «Ahora» o el empleo del futuro simple, dejan bien claro que no solo el polémico tuiter era algo bastante más atinado que un simple desliz, sino que además era humor de primera. Contundente, salvaje y faltón, del que hace falta, del que nos pone en evidencia cuando nos reímos de los americanos por ser tan remilgados por no saber encajar los bromazos de Ricky Gervais, sin darnos cuenta de que aquí estamos igual de susceptibles. O peor: allí tienen su rasero de rancia moral judeocristiana con que se mide todo, aquí tenemos el mucho más peligroso «hay límites para el humor», siendo «el límite» una cosa dúctil y mucho más difusa que el comportamiento de Nacho Vigalondo ebrio.

Y así, podemos reirnos del imbécil que anuncia oficialmente en los comments de un diario digital que deja de seguir «oficialmente» el Twitter de Vigalondo (sic), de aquel que deseaba una desgracia similar a Nacho (un Holocausto focalizado en una sola persona, sin duda el descubrimiento poético involuntario de este fenómeno)  o podemos sentir un escalofrío con el triple salto mortal (y moral) con el que algunos medios pasan, a la hora de informar, de provocación inofensiva en Internet a «directores desesperados por ofender a sus lectores que ponen en peligro su futuro profesional por una juerga nocturna mal focalizada hacia las redes sociales». Reviso en #holocaustovigalondo los mensajes de los memos que pedían a Nacho que si tantos huevos tenía, que se metiera con ETA o con Mahoma. De nuevo, el propio Vigalondo tenía la respuesta perfecta, «compraos un mono y tiradle cacahuetes», pero no puedo menos que recordar, cada vez que la avalancha necia de rigor empieza a exigir ofensas igualitarias, disparos de la misma contundencia en todas direcciones (con lo aburrido, gratuito y conformista que es eso) el espinoso momento en el que la revista El Jueves, como tótem oficial del humor en España, tuvo que dedicar espacio al confictivo tema de las caricaturas de Mahoma, y lo solucionó adelantándose con elegancia y perfecto pulso humorístico al inevitable y aburrido «se han cagao». ¿Saben cuál fue la reacción de esos infelices que les decía al principio? Exacto: «se han cagao». Después de que la propia revista… se me entiende, ¿no? Y ni explicando el chiste El Jueves ha logrado hacer comprender a todo ese marasmo de dignísimos defensores del o todos o ninguno de que la cuestión no era cagarse o no, sino hacer humor.

Un poco en esas tiene que verse ahora Vigalondo: explicando el chiste una y otra vez, explicando que la parodia de un negacionista tronado no le convierte en uno. Y al final de todo, un chiste atinado y preciso que se ha visto arruinado por las brigadas de la corrección. Y yo no sé ustedes, pero tal y como yo lo veo, vale que nos quedemos sin curro, vale que nos quedemos sin futuro… pero que nos dejen sin la posibilidad de reirnos de lo que nos salga de los santos cojones… ahí sí, ahí sí que veo yo un auténtico peligro.

68 focoblogistas han comentado

  1. Bahh, si tú y yo estamos de acuerdo. No vamos a entrar en matices. De acuerdo en que no era alarde pero si era plenamente consciente de lo que representa una cuenta de twitter con 50000 seguidores (que en sí es una gilipollez (que estoy seguro que es lo que piensa Nacho) pero no lo es en términos de exposición medíática). Lo que yo digo es que él no es tonto y sabía lo que podía pasar.

  2. Pues fíjate, en eso no estoy de acuerdo: estoy convencido de que Nacho creía que una incomprensión tan radical de algo que era obviamente un chiste no podía salirse tanto de madre. Cómo vas a prever que un comentario tan claramente humorístico iba a ser usado en una guerra de acusaciones entre corporaciones mediáticas con tintes políticos!!

  3. Vale, llegamos al título de tu artículo. Nacho equivocó el canal. El twitter no es el sitio para hacer esas bromas, esa broma hecha entre colegas igual funciona, en twitter no. Y lo que debes saber (si eres Nacho), es que cuando es probable que la broma no funcione (digamos que le hace gracia a 20000, no le hace gracia a 20000(como a mi) e indigna a 10000) y ese canal es una bomba de relojería tienes que tener mucho cuidado con lo que dices.
    Ún saludo, crack

  4. Mira, en eso sí coincidimos: esto nos ha enseñado mucho sobre tuiter y sobre sus lectores. Gracias por la discusión sin gritos.

  5. ¿Cómo que twitter no es el sitio para hacer esas bromas? ¡No hay sitio más idóneo! ¿Para que sirve el microblogging si no es para los chascarrillos y los enlaces?

    Nunca entenderé eso de que algunas bromas solo se pueden hacer en privado… ¿es que la tolerancia solo existe cuando no te escucha mucha gente o qué? ¿Si se hace la misma broma entre cuatro amigos todos entienden que es un chiste pero si se hace entre 50.000 seguidores la gente se indigna?

  6. ein?

  7. Si hombre, y tu que tienes mas de 140 caracteres, estas explicando el chiste ¿no?

    Un chiste que hay que explicar no es chiste, ni es nada, es una puta mierda.

    Ahora va a resultar que Vigalondo es Einstein, y los demas no le entendemos…

    Y Parafreando a Borja Perez(a partir del minuto2:00)
    “Menudo corto es ese de choque, que no hay dios que se crea esa historia…
    Donde se han visto unos autos de choque sin gitanos… POR FAVOR!!!”

    http://www.youtube.com/watch?v=El2FKa03R8o&feature=related

    ALA!!! a estudiar mas!!!!

  8. A mi me parece claramente una broma. Provocativa, vale. Es como si yo salgo diciendo que los catolicos tienen razon, que la evolucion es mentira, porque esta claro que Ala creo el mundo a partir de las aguas del Ganges.

    Por que la gente tiene que indignarse? Es decir, si, deberias indignarte si no eres capaz de comprender que es una broma provocativa. Si lo fueras, deberias ver la trampa y no picar; esta claro que no lo pienso.

  9. [...] Mucho se ha escrito desde el viernes pasado, día en el que Nacho Vigalondo escribía el tuit, a su favor. Los medios, como siempre en su papel, se han dedicado a exagerar el asunto hasta el extremo, hasta que la bola de nieve ha alcanzado dimensiones descomunales. [...]

  10. Que las cosas sean como dice remero (twitter no es un sitio para expresarnos de determinada manera), no significa que tengamos que conformarnos con que sean así. Sería como si en los tiempos de la inquisición alguien hubiera dicho a copérnico (que seguro se lo dijeron) “vale, tienes razón, la tierra gira alrededor del sol, pero ni se te ocurra ir diciéndolo por ahí, que te escaldan vivo”. Mal haríamos si empezáramos a autocensurarnos con la excusa de que las cosas son como son. De vez en cuando hay que provocar y hay que salirse de madre, para espabilar a la peña. El borreguismo es como una mala hierba, sino se lucha contra ella un poco todos los días, acaba extendiéndose a lo bestia, no dejando que surja nada más. A mí me gustaría que la lección que hubiera extraido Nacho de todo esto fuera “leña al mono, este es el camino”, más que “mejor no pasarse de políticamente incorrecto, que las hordas me liquidan”.

  11. Cojonudo lanzarotelandia. Qué Nacho elija el camino que quiera, otra cosa es que le empiece a ir peor profesionalmente (Y no le crítico y tampoco se lo deseo. Incluso quizás sea más feliz así).
    @Adrian Yo no digo que en el twitter no se puedan hacer bromas de todo género, lo que pasa es que una broma implica una situación, un ambiente, un contexto. La misma broma puede ser buenísima u horrible depende dónde la hagas y a quién. Lamentablemente en twitter no hay contextos y las bromas no se dirigen a quién tu quieres sino a todo el mundo (Incluídos judíos, por ejemplo, que seguramente no les gustará ni que se mencionen ciertas palabras) y en 140 palabras, por genio que seas, no es fácil crear las condiciones para hacer una broma sobre el Holocausto (que yo sí creo que pueden hacerse en determinadas circunstancias y ante determinado público)

  12. y el hecho de hacer algo en plan detectagilipollas y descubrir que una gran parte de tu público, de los que te siguen y se supone que te consideraban brillante los son? y que tus jefes presentes y futuros también?
    descubrir que tu talento descansa sobre una mayoría con la que no querrías tomarte un café y con la que hay que medir tus palabras?
    joder, eso si que da miedo

  13. No puede ser tal como dices, dado que, Nacho Vigalondo a pedido disculpas (http://blogs.elpais.com/nachovigalondo/2011/02/último-post.html). Luego reconoce que, el tweet no estaba tan diametralmente planificado, tal como tu expones, y alguna consecuencia no se midió bien. Desde luego, yo no considero a Vigalondo antisemita por este chiste, cierto que la sociedad tiene una especial sensibilidad con el tema del holocausto, y no con otros, quizá más vergonzosos (Stalin, por ejemplo), si es que hay medidas en la miseria humana, aun así me pregunto si la bisabuela de Vigalondo hubiera muerto en Mauthausen ¿habría “tuiteado” igualmente? O dicho de otra forma ¿Y si la mayoría de tus followers fueran alemanes?

  14. Creo que con lo del manifiesto os estáis equivocando, es más leña al fuego y se os va a volver en contra. Recuerda aquello de “y además está la cuestión de la arrogancia”. El error de Nacho no fue tanto el chiste sino el enfrentarse en “modo bravuconadas on” a esos primeros mojigatos indignados; dio paso al “este tío se va a enterar”. Pero bueno, suerte con la cruzada.

  15. Eres un genio. Como el Vigalhondo ese. Que os den… el Nobel, por lo menos.

  16. Qué raro que nadie comente el caso de David Bisbal, al que también se le han echado encima por sus chistes tuiteros. Ya se que no es un intelectual como Vigalondo, pero en este caso están en el mismo barco por mucho que odiemos su música. Los de Bisbal son chistes menos sesudos, pero también chistes al fin y al cabo.

  17. Bueno, la voluntariedad también debería puntuar, no? O sea, si haces el chiste sin querer…

  18. Hombre, cuando haces un chiste sin querer no estás haciendo un chiste, son los otros los que lo convierten en chiste, o sea, estás haciendo el tonto

Pontifica sin temor