Sigue el relodeo y otra cosa que tenía pendiente de avisar: «El Dibujosaurio» de Mauro Entrialgo
En el año 2008, Mauro Entrialgo nos convocó a Nacho Vigalondo y a un servidor a una comidilla de la que salimos con un par de encargos bajo el brazo: Nacho se encargaría de prologar el inminente recopilatorio de Interneteo y Aparatuquis, y yo de hacer lo propio con un recopilatorio de la labor de Mauro como ilustrador que estaba empezando a preparar. Ya entonces me comentó que no me estresara, que estaba sumergido en una labor de recuperación de material que le llevaría un tiempo. Y tanto que le llevó: hasta finales de 2011 no me llegó un enorme pdf con todo el material de este El Dibujosaurio, el que sería el recopilatorio de la amplísima trayectoria como ilustrador de Mauro.
Mauro también nos pidió que no le hiciéramos introducciones al uso, hablando de lo que mola el dibujante y de que mi vida cambió cuando etcétera, etcétera, sino que aprovecháramos para hacer pequeños ensayos sobre los respectivos temas acerca de los que versaban los volúmenes. En mi caso, y ya que quería un texto considerablemente largo, estuvimos incluso intercambiando impresiones sobre los límites teóricos del arte y la creatividad, ya que la inmensa mayoría del material de El Dibujosaurio son encargos. ¿Reduce eso su supuesto valor creativo? Unas cuantas conversaciones con Mauro me llevaron a exponer en el texto no solo la respuesta a esa pregunta, sino también a divagar sobre uno de mis temas favoritos cuando hablo con alguien sobre el creador de Herminio Bolaextra: ¿es el esquematismo consciente y extremado de Mauro un handicap a la hora de valorarlo como dibujante? Las respuestas a estas y otras cuestiones (¿qué es el estilo?, por ejemplo) las tenía yo meridianamente claras en mi cabeza, pero el prólogo que he escrito para El Dibujosaurio me ha ayudado a ordenarlo y verbalizarlo, cosa que tampoco me viene nada mal.
En cuanto al libro en sí, se trata de un volumen interesantísimo para quien esté interesado en el estilo gráfico de Mauro Entrialgo, cuyos orígenes y evolución muestra con una falta de pudor muy de agradecer, recuperando trabajos inmaduros o juveniles, pero siempre interesantes desde el punto de vista del rastreador de autorías, ya que no deja nada fuera porque la calidad sea algo menor o porque se trate de un encargo con poco espacio para la creatividad. También es un libro imprescindible para aquellos lectores interesados en las tripas de la industria, en saber cómo funcionan las cabezas de quienes contratan y quienes crean: cada ilustración va acompañada de un texto explicativo que a veces sirve como contextualización y otras veces, para contemplar paso a paso, año a año, cómo ha evolucionado la industria del cómic, la prensa y la publicidad durante las últimas tres décadas. En ese sentido, El Dibujosaurio no tiene precio: es más ilustrativo, sagaz y ácido que una docena de ensayos rebosantes de datos inútiles.















