No soy el consumista-tipo. Por ejemplo, mi casa, el Museo Pajero, está absolutamente desbordada de objetos de muy variada naturaleza, tamaño y condición. Sobre todo, información. Acumulo más información de la que voy a poder consumir el resto de mi vida, y soy consciente de ello, y sigo amontonando libros, tebeos, películas, música, juegos, juguetes, objetos. Objetos a veces íntimamente relacionados con lo que me apasiona. A veces, simplemente, objetos que me gustan per se.
Me estoy quedando sin espacio.
Quizás algún día cambie de casa. Mientras tanto, me las ingenio para optimizar espacio. Ahora, tiro fundas de plástico de los DVDs, archivo las carátulas y meto los discos en carpetas. Para horror de Hijo Tonto, eunice, Chili Temple y prácticamente cualquier persona que pasa por mi casa y ha visto, literalmente, montañas de fundas de DVDs vacías, es una agresión a lo más sagrado. Ayer cogí del trabajo Cara a Cara en Blu-Ray, me lo llevé a casa, y lo metí en la PS3. En el DVD puse a reproducir la misma película. Ambas en el mismo punto. Cambié de uno a otro, la misma escena. De DVD a Blu-Ray. Comprobé con horror que eran completamente distintas. No soy una puta de los gráficos, pero me veo rehaciendo otra vez la filmoteca, mierda. No, ya, las películas de Brentwood, como dice Hijo Tonto, no van a dar mucho más de sí: la nitidez del DVD es posiblemente mucho más de lo que soñaron los propios directores de los films que aparecen en esas recopilaciones. Pero mis películas favoritas… ¿Los Cazafantasmas? ¿Los Ángeles de Charlie? ¿Crank? Veo en el horizonte, quizás no este año (¿treinta euros por película?… tócate los cojones), ni el que viene, pero en algún momento, la necesidad de upgradear según qué títulos de mi videoteca.
Mis padres vienen de visita, llenan una caja de revistas y se la llevan a Murcia, donde me sobra el espacio. Yo, por aquí, compro papel a un ritmo muy superior al que ellos desalojan. En el trabajo me llueve, ya que no el dinero, sí copias promocionales de videojuegos que no quiero para nada. Juegos de cuidar ponys, de frotar delfines, de sacar de paseo a putitas caninas, y los voy acumulando.
Decido tocar el bajo y Choni Ramone me presta un enorme amplificador que ocupa un tercio de la habitación donde tengo el ordenador. Ese amplificador, si Choni no lo remedia, sólo saldrá de casa cuando lo sustituya por otro más grande. Ese es, un poco, el espíritu que guía el criterio de almacenaje de trastos en el Museo Pajero. Tirar, nunca. Sustituir, sólo por algo más aparatoso.
Y a pesar de la inminente asfixia, sigo pidiendo cosas a Amazon. Porque es el único sitio del mundo donde siguen brotando, casi a diario, objetos que son más y mejor que lo que ya tengo. Cajas de DVDs que se ven más nítidas o que dan más material que las que ya poseo. Libros más gordos, mejor ilustrados, más inéditos, más informativos. Música más bonita, más reciente, más ruidosa, más antigua. Amazon sigue siendo peregrinaje obligado cada pocos meses, aunque no tenga sitio para meter todas las cosas que pido allí.
Inspirado por unos cuantos posts que publiqué hace medio año haciendo público en qué iba a consistir un pedido apocalíptico cuyo contenido, adivinen, aún no tienen sitio definido en casa, abro una nueva serie en el Focoblog. Mi Próximo Pedido a Amazon Será Apocalíptico (que ya tiene su propio sello, cortesía de eunice) es, por supuesto, una forma de hablar: la lista de cosas que voy a enumerar en esta serie corresponderá, en realidad, a varios pedidos a Amazon. No soy millonario aún. Pero todo lo que les muestre en esta serie será, en algún momento, adquirido para engrosar las polvorientas estanterías del Museo Pajero. ¿Las dos únicas reglas? Enumerar artículos que Amazon envíe a Europa (es decir, papel, películas y música) y no proponerles chuminadas. Todo lo que vean en esta sección está genuínamente Deseado Por John Tones, y hay una intención seria de adquirirlo. Otra cosa es que, como tantos y tantos pedidos a Amazon, luego resulte no ser lo que uno esperaba.
Pero eh, esa también es la gracia.
Brindo por el espacio vital. Y por que termine de desaparecer. Del todo.