Thursday, August 3rd, 2006
De acuerdo, han perdido el factor sorpresa…
Thursday, August 3rd, 2006
Saturday, July 15th, 2006
Como pueden imaginar, ando de vacaciones, así que disculpen las ocasionales intermitencias. Estoy reposando mis carnes prietas y setsis antes de volver a la rutina, qué les voy a contar. Y aprovechando para hacer lo que se hace en estos impases: compro libros coloreables de Spider-Man (buena gente de Barcelona: en Happy Books hay montañas, son indescriptibles; no se arrepentirán), asisto al rodaje de videoclips ajenos y elecciones de sustituciones pop (mañana, aquí), me disfrazo de colegial zombi para conciertos de psychobilly rotundo (espero: esta noche, aquí), y hago planes para cuando vuelva a Madrid, dentro de un par de semanas. El primero, abrirme una cuenta de Flickr, porque dentro de tres generaciones nadie se creerá nada de esto. El segundo, asistir al concierto que los trestristesninjas han preparado para finales de julio. Y como no quiero que se vayan con las manos vacías, tengo un anticipo exclusivo para ustedes. Esta maravilla:
Friday, July 7th, 2006
Sí, otro tutubo. No se quejen, que les escribo unos textos kilométricos sólo para sus ojos que ya los querrían otros lectores igualente deseosos de maná espiritual, pero es que me encuentro cada cosa en mis almacenes, que…, que… Podría seguir dándoles razones por las que el tutubo es esencial durante décadas, y de hecho el otro día le propuse a la eunice que abriéramos un blog sólo de tutubos. Se llamaría TuTubo y sería tan impactante como introducirse un destornillador por la uretra con la mano zurda. No sé en qué acabará la cosa, oigan, pero mientras tanto, por mis cojones que los van a seguir sufriendo aquí.
Por ejemplo:
Si es que comentarlo es cagarla. Es cagarla completamente.
Wednesday, July 5th, 2006
Lionheart supone, en cierto modo, un paso sin vuelta atrás dentro de la carrera de Van Damme. Para el observador poco perspicaz, no es más que otra entrega de su larga serie de películas ambientada en campeonatos de lucha cuerpo a cuerpo más o menos ilegales, más o menos letales. Para quien sepa o quiera verlo (que a veces es suficiente con algo de voluntad) es un primer descenso del actor belga a los sótanos de la serie B con las trampillas de acceso más sutiles, aquellos sótanos que se abren a los pies del alma de toda película decente y que los necios y los viejos se despachan con el típico y facilón “Es tan mala que es buena”. Si fuera tan sencillo como eso, cualquier gilipollas se abriría un blog sobre cine de bajo presupuesto. Ehm, no, un momento…
Da igual, a lo nuestro: cuando una película comienza con un ajuste de cuentas callejero entre delincuentes que culmina cuando uno pega fuego a otro, y el espectador presencia la típica secuencia de stunt ardiendo y haciendo molinillos con los brazos, se espera que la secuencia acabe en fundido a la camilla de los ATS con el cadáver chamuscado y la policía tomando declaración a un par de testigos, o a una escena con un ambiente y temática lo más contrastada posible con lo que acabamos de ver (unos niños en un jardín o un parque de atracciones), y alguno de los presentes recibiendo la noticia del anterior suceso, noticia que le sacará de su mundo de ilusión e inocencia para meterle de un patadón directo a las cervicales en un submundo de violencia y venganzas del que a) ni había oido hablar, o b) salió hace mucho tiempo, y con gran esfuerzo, y de nada le va a haber servido el cambio de identidad y emigrar a la otra punta del estado. Pero no: Lionheart, como tantas otras películas posteriores de Van Damme, juega a la fascinante carta de disfrazar de película de presupuesto medio (el actor ya no es un secundario venido a más) lo que tiene que ser, por necesidad y por espíritu, puro derribo cultural. Así, Sheldon Lettich encadena el plano del delincuente ardiendo con un primerísimo primer plano del sujeto, en la cama del hospital, completamente chamuscado y supurando por flamantes orificios de la cara todo tipo de líquidos purulentos. Una imagen de la que no habría renegado el Fulci más light. El drama se convierte en tebeo y los sentimientos, en cuadro sinóptico de emociones, solucionados con ecuaciones de libro de aprendiz de guionista: en este caso, y basta de imágenes baratas, es “la ira lleva a la venganza”.
Van Damme da vida a un soldado de la legión extranjera francesa, Lyon, que se entera de que su hermano ha muerto (en efecto: el maleante flambeado en el párrafo anterior), y huye a Los Angeles para ayudar econónicamente a la reciente viuda. Una vez en la gran ciudad, se introduce no se sabe muy bien cómo en un circuito de peleas callejeras ilegales donde comienza, como era de esperar, a reventar mandíbulas a altas velocidades. ¿Les suena a Kickboxer o a Contacto Sangriento? Déjenme que les explique la diferencia. Las primeras películas de competiciones marciales de Van Damme eran sencillas, esenciales en su esquemática desnudez argumental. Adaptaciones del cine oriental de género, donde el combate es más bien un modo de hacer avanzar el argumento a base de metafísica de la hostia, donde no hay que dar explicaciones, redondear personalidades ni iconizar monsergas, porque ya viene todo iconizado de serie. Cuando entran en escena mierdas más propias del cine occidental del tipo “desarrollo de personajes”, “justificación argumental” e “interés amoroso para el protagonista”, pero sin que se vean modificadas las limitaciones presupuestarias, entramos en el apasionante mundo de la infraética del bajo presupuesto y el consiguiente delirio voluntario e involuntario. Que hay cosas de las que nunca puede uno estar seguro.
Por ejemplo: la secuencia de huida motorizada inicial es tan lenta que cuando Van Damme derriba a uno de sus enemigos, que intenta subir al jeep que está conduciendo, éste cae de pie y sigue corriendo al lado del coche, es decir, ni siquiera resulta posible fingir a golpe de montaje que la secuencia se desarrollaba a toda velocidad. Por ejemplo: Van Damme atraviesa un desierto andando, en secuencias que recuerdan, en lo visual y en lo simbólico, a la extraordinaria crucifixión de Cyborg. Por ejemplo: ya no hay una búsqueda de la fuerza interior, del chi que se abre paso a guantazos entre los pliegues del estómago ajeno para dar equilibrio al microcosmos de las competiciones de zurriagazos. Ahora, las peleas forman parte de un entramado de pasiones, deseos y conspiraciones en el que Van Damme es un elemento más, y no un detonante o ni siquiera un desestabilizador: es esa peste llamada argumento. Por suerte, nuestro hombre emite esas vibraciones innatas tan peculiares, capaz de poner patas abajo cualquier atisbo de convencionalismo con sólo acercarse de refilón (ya lo iremos viendo en ese monstruo de tres cabezas compuesto por Soldado Universal, Street Fighter y Double Team), y las peleas guardan en su núcleo argumental una maravillosa idea, muy propia del cine bajo mínimos: los pobres se pelean para entretener a los ricos. Apenas desarollada, apuntada sólo en lo visual y nunca de modo expreso, su contundencia teórica polariza aún más a combatientes y espectadores, de esa forma maravillosamente maniquea, sincera y esquemática que sólo posee el cine de bajo presupuesto.
La serie B no es una cuestión de presupuesto, sino de actitud. Una actitud, además, que no se busca ni se aprende: se tiene o no se tiene. La actitud que lleva a plantear en un contexto como el de esta película una secuencia de borrachera, perfectamente seria y supuestamente integrada en la trama. O frases en medio de una pelea como: “Eres muy guapo. No sé si quiero pelear contigo o follar contigo”. O uno de los grandes aciertos visuales del film, adelantándose años a los siempre dubitativos criterios estéticos de las superproducciones de acción: la atrevida absorción de decorados propios de videojuegos de lucha de la época. El fondo de una piscina medio vacía, un callejón bajo un puente, un círculo de coches con los faros encendidos delimitando un improvisado ring… Ya ven, a estas alturas y marcando tendencia con tanta, tan radical y tan desafortunada visión de futuro que el asunto no prosperó ni fue imitado en bastante tiempo.
Les iba a decir aquello de “Ah, los misterios de la serie B”, pero oigan… es que esto de misterioso no tiene nada. Es que es lo que se viene conociendo como sentido común.
Te-Emes de Van Damme: “Aaaaargh” de furia™, Apertura De Patas™, Peripecia Desértica™, Historias de la Legión Extranjera™, Nombre Inenarrable™, Pelo Horrible™, Patada Voladora al Ralentí™, Pantalones hasta el sobaco™, Incapacidad Para Colocar los Brazos en una Posición Normal™, Ruido Como “sshhhhhaaaahhhsss” con la Boca Después de Dar un Golpe™, Frase Muy Dramática Enunciada con Total Inexpresividad™, Sonrisa + Ojitos En Escena de Relleno™, Montaje Musical a Ritmo de AOR Resumiendo Progresión Dramática Injustificable™.
Calificación: Piscina mugrienta + peleas mugrientas + niña mugrienta + sidekick mugriento + villana engominada = OOOOO (cinco hostias sobre diez)
Más Hostias Como Panes:
- Retroceder Nunca Rendirse Jamás
- Contacto Sangriento
- Black Eagle
- Cyborg
- Kickboxer
Wednesday, June 21st, 2006
Vaya semanita, amigos. Estoy teniendo una despedida pre-estival de auténtico holocausto periodístico. Ya descubrirán el resultado (en nada, vamos, en cuestión de días), pero de momento no puedo mas que escamotear a mis empleadores unos segundos de mi lamentable vida de oficinista encadenado a la mesa para comentarles un par de cuestiones.
Que gracias por sus parabienes cumpleañeros. Hicieron que me emocionara, y por dios, dejen de temer por mi crisis de los treinta. Estoy mejor que nunca, como dice Lindyhomer (de mí y de él mismo, el tío). Gracias a los que se molestaron en escribir sus buenos deseos por aquí, incluídos los fans a toro pasado, sin duda alguna mis favoritos. ¿Dónde estaban los puñeteros cuando hacían falta de verdad?
Y lo importante: mi tercera entrega de joyas del youtube. Me lo descubrió la Rubia, que nos lo mandó al Capitán Minifalda y a mí por mail. Yo lo reenvié a los cuatro de siempre y lo casqué en mi del.icio.us a la espera de una ocasión para postearlo. El Capitán fue más rápido que yo y lo posteó en el blog de Ultraplayback. Por desgracia, los fans del grupo respondieron lastimosamente, con tres miserables comentarios, de los cuales un total de un 0’18 hablaba del video en cuestión. No se engañen: youtube no sirve para compartir el maravilloso mundo del telerarismo nipón, ni para darse pajicas con universitarias que quieren ser estrellas del pop, las pobres. Sirve para que ustedes y yo podamos disfrutar al unísono del que es, indubitablemente, el mejor videoclip de la historia. Gócenlo: OK Go en One Million Ways.
Wednesday, June 14th, 2006
Este segunda entrega en pos(t) del holocausto tutubista me sirve también como inciso antes de la nueva entrega de Hostias Como Panes. Aunque hay cosas inmejorables, reconozcamos que como pregona orgulloso este tutubo, han logrado mejorar una pelea de Van Damme yendo a lo que hay que ir. Dejándose de monsergas. Para que se pongan en situación: imaginen que va Bryan Singer y se deja de monsergas. Bryan Singer presenta: una película desmonsergada. Y quizás le sale algo la mitad de bueno que esto. Podríamos empezar a confiar en que alguien alguna vez va a hacer una película medio en condiciones otra vez. Pero no nos hagamos ilusiones.
Monday, June 12th, 2006
Me lo pasó Nacho hace bastante tiempo y sigue siendo igual de descojonante, como cualquier cosa que revele verdades más o menos coherentes sobre Joy Division.
Friday, June 2nd, 2006
La Petite me hace un extraño honor mencionándome como una de las personas elegidas para continuar el meme de las cosas frikis que está asolando ese sector de la blogosfera que cree que Star Wars, El Señor de los Anillos y Tim Burton siguen siendo, a estas alturas, opciones culturales alternativas. O peor: que justifican que leen tebeos de Batman (¡super-alternativo!) diciendo en algún que otro periódico, tal y como me contó Mr. Asterisco, por desgracia sin ser capaz de concretar al autor, que “leer tebeos no es peor que ser un hincha del Real Madrid”. O sea: acabáramos.
En el fondo, que yo sea un asocial o un borde, como lei en un blog sobre tetas fláccidas la semana pasada, no quita para que tenga mi corazoncito y me encante que la gente se acuerde de mí. Por no hablar de la satisfacción que supone que me hayan incluído en un grupo en el que están incluídos unos cuantos otros sujetos de espíritu, en el fondo, tan poco friki como el mío.. Pero antes del recuerdo friki (los pelos como escarpias cada vez que pronuncio la palabrita) que pide Miss Claudine, un par de reflexiones sobre el día en cuestión.
Lo mejor del Día del Orgullo Friki, haberlo hecho coincidir con una festividad inventada por Douglas Adams, la sublimemente ridícula como El Día de la Toalla. Lo peor, todo el resto, porque oigan, qué pena da compartir hasta extremos singulares una cantidad tan grande de afinidades con un grupo de gente y, a la vez, tener tan poco en común con ellos. Es como pertenecer a un club de filatelia y darte cuenta de que has estado toda la vida mirando los sellos por la parte de la goma. Porque reconozco que soy yo el que los mira por el lado de la goma. La mejor reflexión que he escuchado en mucho tiempo sobre la cuestión del significado de lo friki y sus connotaciones la hizo alguien en el camino entre un exquisito kebab del centro de Madrid y la celebración del cumpleaños de un miembro de, sí amigos, el cosmos es así de jocoso, el programa de televisión más friki del panorama actual: La Hora Chanante. Fue Nacho Vigalondo, Nahikari o Mr. Asterisco, o quizás el taxista, el que dijo que “friki” se había convertido en un adjetivo-comodín para definir cosas tan poco frikis como Torrente o Los Simpsons, al igual que hace unos años se popularizó la palabra “paranoia” para calificar muestras artísticas que se ajustaban a esa patología muy de aquella manera. Pero así: “¿Has visto la última de David Lynch? Es una SUPER-PARANOIA”. O “Lo mejor de Dark City es cuando es en plan TOPE PARANOIA”.
Las palabras son complicadas. Supongo que en eso coinciden conmigo.
Pero no tengo nada en contra de los frikis, solo en contra de algunos muy concretos que además tienen serios problemas de higiene, algo que odio, y de los que estoy convencido que todos tienen algún ejemplo en mente. Ustedes también los odian, porque son (ellos) personas muy inflexibles y malhumoradas, gente necia y de trato muy complicado. Por eso, y como un acto de contricción por alguna palabra regular que haya podido decir en algún momento para referirme al colectivo que tan orgulloso celebró su día el pasado 25 de mayo, les cuento mi momento friki de las narices para no romper la cadena del meme.
(Inciso: les recuerdo que para una aproximación más ortodoxa al fenómeno por la parte que me toca, Museo Pajero sigue abierto. Ya, hace tiempo que no actualizo, pero el proyecto sigue en pie, y quizás en algún momento de mi vida se me ocurra de dónde narices sacar tiempo para postear más cachivaches. Espero hacerlo próximamente. Por otra parte, ¿en serio les parece más bella la palabra “friki” que “pajero”? Porque ya no es cuestión de ética, sino de estética, y eso sí que deberían hacérselo mirar)
En cualquier caso, ahí va lo mío. Lo más friki es siempre lo primero, no le den muchas vueltas. Remontémonos a esa mezcla de inconsciencia e imprudencia que da la adolescencia y que algunos llaman “inocencia” (para completar el pareado, porque si no, no me lo explico): obtendremos frutos de pura y deliciosa insensatez. Sin adulterar. Cien por cien friki, si lo prefieren, y por acotar los términos. No se engañen: no tiene ningún mérito friki lo de mi última puja en e-bay, o que ande detrás de un guión de Labyrinth firmado por Bowie & Connelly & Henson. ¿Ustedes se gastarían cincuenta y pico euros en eso? Yo sí, y por eso será mío, pero no tiene ningún valor, ni debería darme demasiados puntos en el termómetro de frikismo que algunos exhiben con tanto orgullo en la página principal de sus blogs. Con quince o dieciséis años y atado a un abismo cultural tan castrante y represor como el de Murcia, sin embargo, las cosas cambian: decisiones imprudentes, motivadas por el aburrimiento y la incomprensión, esos mismos móviles que llevan a otros a esnifar Imedio o a robar bisutería. A mí me llevó a la copistería.
Como saben, presumo con orgullo de los Dejad Que Las Niñas Se Acerquen A Mí que parí nada más llegar a Madrid hace diez años, así como de los tres números extra que nos procuraron un premio a Chili Temple y a mí hace unos años en San Sebastián. Pero hubo otros fanzines, experimentos aislados de diverso �normalmente escaso- calado, pero indudable importancia para llegar hasta aquí, esté donde esté ese aquismo (uno de ellos, Pepito Grillo, es todo un proto-Focoblog en lo conceptual; otro, Palomitas de Maiz, lo es en lo temático; y en el monumental Lollipop nació el seudónimo John Tones, nada menos). Pero insisto: el primer frikismo lo es siempre en grado sumo. El fanzine que hice en el instituto, armado con pegamento de barra, un rotulador y un concepto de la maquetación que consistía, esencialmente, en imprimir líneas de texto con una añeja impresora de agujas, recortar y pegar línea a línea, a veces palabra a palabra, para que todo medio encajara en las enormes cartulinas que usaba como originales.
La primera vez que escribí algo (algo en general, sobre cualquier cosa) fue en Winona, un proyecto de cuatro números para un club de fans fundado por un amigo, progresivamente más sofisticados, que compaginaba, no pregunten cómo hice el malabarismo, hagiografías parciales de la Winona Ryder pre-cleptómana (es decir, sí, antes de que se convirtiera en un icono oficialmente friki), reportajillos de antes de la IMBD sobre John Waters o Russ Meyer refritados de los contados números de 2000 Maniacos que llegaban al erial del sudeste español e incómodas declaraciones de amor inocente a Anna Chlumsky y Christina Ricci que se radicalizaron para dar pie a aquellos primeros números de Dejad Que Las Niñas Se Acerquen a Mi. Winona respiraba, por su heterogenea mezcla de elementos y lo disparatado de su concepto (ligar absolutamente todos los reportajes que aparecían en cada número del fanzine, de unas treinta páginas, a la actriz y su carrera) un amor por lo extavagante que me gustaría pensar que no he perdido por completo hoy, a punto de cumplir treinta años. Me gustaría que leyeran cosas como el Consultorio del Doctor Winono, o la Enciclopedia Winónica (treinta entradas por entrega, una letra en cada número del fanzine), pero tendrán que conformarse con este escaneo de portadas. Al fin y al cabo, este es mi frikismo, y parafraseando a los grandes, me lo follo cuando quiero.




Sunday, May 14th, 2006

¿Se lo pueden creer? trestristesninjas molan más que nadie. Una vez más.
Saturday, May 13th, 2006

Antes del megatón con el que concluye la cuenta atrás, previsto para esta noche, pueden ir aquí si quieren conocer la disparatada concepción de este caso concreto.