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HOSTIAS COMO PANES (XII): Timecop

Entrada publicada el 8 de Septiembre de 2008 por John Tones

Nunca he terminado de entender la pasión que despierta Timecop entre los propios fans de Van Damme, pero intuyo que se trata de una cuestión de complejo de inferioridad mal gestionado. Timecop es, junto a la más rotunda Soldado Universal, la película más taquillera del áctor, y junto a la más satisfactoria Sin Escape y la decididamente superior Muerte Súbita, la más convencional y menos característica de su estrella. Sin embargo, es la única en la que Jean-Claude Van Damme se asomó al abismo del estrellato, y su nombre se pronunció como equiparable a Schwarzenegger, Stallone y demás superestrellas del gremio. Algo falló.

Posiblemente, fue el rotundo enraizamiento de las virtudes de Van Damme en el campo del bajo presupuesto y la explotación. Si aún hoy las películas que hizo para la Cannon y similares son las que definen el vandammismo puro, es por algo: una superproducción, donde por definición se moderan las extravagancias, los disparates y la locura para acercar la película a la mayor cantidad posible de público, tienen que dañar por fuerza el estilo de un actor cuyos TMs más celebrados son abrirse de patas, hacer cucamonas a cámara lenta y enseñar el culo. Paradójicamente, el presupuesto medio redunda en beneficio de una película amena y moderadamente disparatada; pero también juega en contra de Van Damme, que aquí sería, salvo momentos muy puntuales, perfectamente sustituíble por uno cualquiera de sus imitadores. (La prueba de ello está en la tardía y chotadísima secuela directa al vídeo, Timecop 2: The Berlin Decision, que contemplé atónito por televisión este mismo verano entre piruetas temporales dignas de hard sci-fi demente y con un Jason Scott-Lee en infrahoras).

En cierto sentido muy perverso, es significativo que Timecop se inspire en un comic de Dark Horse, cuyo dogma, santo y seña ha sido siempre la regurgitación para todos los públicos de conceptos del fantástico complicados de asimilar. Alien es el ejemplo clásico, pero hacer de Predator o Terminator meros superhéroes de coeficiente intelectual bajo mínimos exige un duro trabajo de banalización… que es el que llevaron a cabo con los viajes en el tiempo y la miniserie Timecop. La película de Van Damme fue su perfecto reflejo, hasta el punto de que los TMs de la estrella parecen concesiones para los fans que no encajan con el resto de la narración, entretenida pero nada apasionante. Ésta nos cuenta cómo en un futuro no muy lejano, los viajes en el tiempo se implantan hasta el punto de que es necesaria una fuerza policial que impida la proliferación de paradojas y demás inconsistencias metafísicas propias del género.

El planteamiento de la fuerza policial transtemporal, puro pulp regurgitado, no es el único detalle que reconcilia al espectador con la personalidad algo fría de la narración. A los cinco minutos de película el guión ya está hablando del efecto mariposa con una ligereza muy de agradecer y fijando una regla que me vuelve loco (no se puede viajar al futuro porque no se ha producido aún, cosa que se contradice sin problemas cuando se viaja desde el pasado al presente –el futuro de ese pasado-). Se manejan conceptos relativistas y se plantean paradojas con alegría y despreocupación, y me gustaría pensar que algo tuvieron que ver en ello Sam Raimi y Robert Tapert, productores también de Blanco Humano, en busca quizás de convertir a Van Damme en una estrella de la acción alternativa, una que se rebozara en los tópicos de la serie B y en el cine de género con sentido. El espíritu Van Damme aparece en determinados momentos (el combate en la cocina, apertura pernil incluída, la caída al vacío con viaje en el tiempo, el brazo congelado, la frase “Con esas pataditas deberías estar bailando en Broadway”), pero por desgracia, Peter Hyams desaprovecha momentazos puestos en bandeja: la posibilidad de que dos Van Dammes se den de hostias aunque sea por un momento; esa muerte final del villano que habría quedado tan bonita con látex y no con un horrendo CGI… En general, Hyams desaprovecha a un Van Damme en su mejor momento de forma física, una extraña mezcla de bailarín y luchador… rodando peleas en las que no se ve nada.

Ah, las ínfulas. Esas ínfulas.

Te-Emes de Van Damme: Pelo Horrible™, Incapacidad Para Colocar los Brazos en una Posición Normal™, Sonrisa + Ojitos En Escena de Relleno™, Patada Voladora al Ralentí™, Culo™

Calificación: Paradojas espacio-temporales como si nada + “Lee entre líneas” + Pocos vandammismos = OOOOO (cinco hostias sobre diez)

Hostias Como Panes: Bifurcación

Entrada publicada el 14 de Febrero de 2008 por John Tones

La noticia del día no es lo del trailer de Indiana Jones (cómo le damos al mecanismo pauloviano, ¿eh?), sino la apertura de un blog dedicado a la persona y el personaje de Jean-Claude Van Damme. Su responsable es nuestro habitual PJ Tena, lo cual ya garantiza cierto rigor y ciertas ganas de hacer bien las cosas. Mal por el nombre (¿qué les impedía llamarlo Van Dammage?), pero en todo lo demás, recomendación absoluta: VanDammeSpain.

HOSTIAS COMO PANES – Interrupción publicitaria – WOW

Entrada publicada el 12 de Diciembre de 2007 por John Tones

Eso mismo, WOW van a decir ustedes cuando vean que Jean-Claude Van Damme parece cada vez más su propia madre maquillada. Pero miren como se menea aún. Este es de los míos, joder.


HOSTIAS COMO PANES (XI): Las Cien Razones de Blanco Humano – (10/10)

Entrada publicada el 12 de Noviembre de 2007 por John Tones

91 – La muerte de Van Cleef: El deceso del lugarteniente del villano, justo después de que Riesgo salga disparado por la fuerza expansiva de una granada, es el ejemplo perfecto, resumido en poco más de treinta segundos, de la gran virtud de Blanco Humano y, por extensión, del cine de John Woo: cómo el exceso estético coloca a lo épico y a lo ridí­culo en un mismo plano, y no precisamente en el del humor involuntario. Woo alterna en la muerte de Van Cleef planos que podrían salir de una de sus pelí­culas y otros que podrí­an salir de una parodia excesiva: Riesgo resbalando hacia atrás en el suelo y disparando por debajo de una mesa se funde con el acribillamiento seco, sádico, que recibe Van Cleef; el pie de Riesgo, oportunamente elástico, al lado de la cara de Van Cleef e impidiendo que el cuerpo de éste, preñado de granadas, caiga encima del héroe, tiene una inaudita continuación en la eliminación definitiva de Van Cleef, indigna de un Villano, fuera de plano y sobre un montón de basura. La épica del exceso es siempre superior a cualquier comentario irónico.

92 – La furia de Fouchon:
Cuando el villano encuentra a su lugarteniente muerto, una ira animal se apodera de él. Similar a numerosos videojuegos (el último de ellos, no por casualidad, Stranglehold, producido y supervisado por John Woo) en los que se puede entrar en un fugaz modo inmortal en el que ni se gastan balas ni se sufre daño, Fouchon recarga su arma para acribillar a Riesgo con una ondanada de balas explosivas que dejan al héroe maltrecho. Su cariñoso gesto cerrándole los ojos a Van Cleef será el último en el que veamos a Fouchon exhibir algo remotamente parecido a cierta humanidad.
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93 – El saltico: Ignoro si estaba sobre el papel, en el guión de Chuck Pfarrer, o más bien fue una idea sobre la marcha de un John Woo manejando un presupuesto superior a los espartanos regí­menes económicos de sus producciones hongkonesas. Pero esta churrigueresca acrobacia,
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frente a una enorme estatua de papel, proporciona un necesario instante de delirio y textura onírica a una avalancha de acción que en ningún momento, también hay que reconocerlo, se habí­a caracterizado por tener los pies en el suelo. Sirva esta captura como homenaje a uno de los momentos más justamente recordados de la pelí­cula: el del cuádruple dorsal de Riesgo sólo por chulear. Sólo por recordarnos que Blanco Humano no deja de ser una fantasí­a.

94 – Fouchon es El Mal:
Enfurecido no sólo porque Riesgo se le ha escapado, sino porque además lo ha hecho con un volantí­n, el villano comienza a disparar a ciegas a una zona de esculturas ardiendo. Habiendo perdido la batalla se niega a rendirse, y presume ante Riesgo de su superioridad como combatiente. Lo que, en cierto sentido, es cierto: Fouchon grita que ha estado en cada campo de batalla, que ha cazado por todo el mundo y que es inmortal. Fouchon es un estallido de violencia y no hace falta ponerse demasiado metafóricos para coincidir con él: cada pelí­cula necesita su villano, cada héroe su ángel de la muerte, y mientras haya artistas como John Woo y Van Damme, dispuestos a erigir homenajes a los sí­mbolos tan perfectos como Blanco Humano, nunca dejará de haber fouchons.

95 – Plano Perfecto # 13 (1:26:31):
Contemplen cómo Fouchon ha pasado de implacable asesino omnisciente a triste espectro de lo que una vez fue. Para sobrevivir, tendrá que rebajarse al máximo. De caza pura por honor y diversión a amenazar a los compañeros del héroe (¡una tí­a! ¡un viejo herido con acento francés!) para salir con vida. En uno de los mejores planos de la pelí­cula, Woo clava esta fantasmal degeneración, que también remite, ya de forma abierta y confesa, a los rasgos fantásticos que ha adquirido la confrontación final.
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96 – Load Me: Es que no puede parar. John Woo no puede parar, por los motivos que sean y él ya se conocerá y habrá pensado en ello, de introducir sí­mbolos fálicos de calibre tocho en sus pelí­culas. En esta ocasión, una Nat amenazada con una flecha al cuello (anudada a su pelo, entramos ya aquí en cuestiones propias de mitología comparada, oigan) va cogiendo una a una las balas del cinturón de Fouchon y las coloca lentamente en la recámara de la pistola del villano, mientras este rí­e y tiembla de placer. Erotismo malsano para el pueblo, que siempre está bien y viene bien.

97 – Es Van Damme: Hemos hablado constantemente de John Woo como autor de Blanco Humano, y no es para menos. Sus señas de identidad estáticas empapan cada fotograma de la película. Y sin embargo, es todo un gesto de generosidad que después de cientos de cámaras lentas, de agotadoras grúas y perspectivas caballeras, Woo ceda a Jean-Claude Van Damme el honor de liquidar a Fouchon con una sartenada de patadones voladores y unos cuantos de sus no menos característicos Aaaaarghs de Furia(TM). Al final, Blanco Humano acaba siendo, por encima de todo, una pelí­cula de Van Damme, y esto nos lleva a una de las enseñanzas esenciales de Hostias Como Panes: Woo es, quizás, el auteur por excelencia del cine de acción, y aún así, reverencia la contundencia, la explosión de dolor que supone un buen castañazo en el plexo solar a cámara lenta y con griterí­o salvaje incluido. Woo se aparta para que brille Van Damme, y de eso es de lo que venimos hablando, mecachis, durante meses.
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98 – Plano perfecto # 14 (1:30:06):
Atontado después del palizón que Riesgo le ha propinado (y, posiblemente, y visto lo visto, también maravillado por el recital de acrobacias y flexibilidad de cintura para abajo del héroe), Fouchon sólo puede contemplar, embobado, cómo la anilla de la última granada que queda, esa que va a acabar dentro de sus calzoncillos, vuela por los aires, girando con expresividad exagerada. Aplaudan, aplaudan porque yo ya poco puedo añadir.
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99 – Ups: Quizás el mejor chiste de la pelí­cula. Fouchon recibe una granada en los huevos y un cabezazo de Van Damme que lo manda a varios metros de distancia. Rápidamente, se busca la granada, la saca y desenrosca el detonador. Parece salvado pero… chispas. Menudo fallo. El contraste entre la muerte de Van Peek, algo más ceremoniosa, y la de Fouchon, ridícula y de tebeo, es el colofón perfecto para una película que no respeta ni a sus propios códigos narrativos.

100 – Cien razones innecesarias: Quizás la razón más importante de todas es que este colosal recorrido que hemos hecho juntos durante las últimas semanas no ha sido más que un homenaje innecesario. Blanco Humano, como las grandes obras maestras, se justifica sola, sin necesidad de cien, doscientas o trescientas razones que hablen de las razones para adorarla. Sus logros son tan primarios, tan básicos, tan animales, que si no fuera por el amor incondicional que desborda Hostias Como Panes, Las Cien Razones De Blanco Humano podrían considerarse conceptualmente insultantes. Les agradezco enormemente su paciencia y sus, como siempre, sabios y descacharrantes comentarios. Como de costumbre, lo mejor de todo esto son ustedes: gracias por los múltiples links que ha recibido esta subserie, quizás la más linkada de la historia del Focoblog. No es para menos. Les sugiero, para celebrar que hemos llegado a buen puerto, que cojan sus copias de Blanco Humano y con una sonora acrobacia vandámica, las revisen con las cien razones por delante, gritando cada una de ellas como si de una proyección de una bastardización de Rocky Horror Picture Show se tratase. Y les recomiendo que no se despisten, estamos recorriendo momentos de auténtica gloria en la filmografía del héroe: nuestra próxima parada es, poca broma, TimeCop.

Calificación: OOOOOOOOOO (Diez Hostias Sobre Diez)

HOSTIAS COMO PANES (XII): Las Cien Razones de Blanco Humano – (9/10)

Entrada publicada el 12 de Septiembre de 2007 por John Tones

81 – Plano perfecto # 10 (1: 15: 42): Por un momento la autoparodia se desliza entre las imágenes de una película de John Woo: es decir, un maestro de la metacaricatura, Van Damme, con callo ya en estas lides, se topa con uno de los directores que más en serio se toma los iconos que ha creado. Es decir, intenten encontrar un atisbo de parodia voluntaria en The Killer, Una Bala en la Cabeza, o incluso en una de las películas con un uso de la violencia más ligero y festivo de Woo, Hard-Boiled. Nada, ¿verdad? Esta carencia de autocrítica humorística es, en últrima instancia, la responsable de desgracias como Windtalkers o Paycheck, aunque sería injusto no reconocer que su grave falta de ironía en la observación del ombligo propio también nos ha llevado al radical aislamiento estético y conceptual de sus dos obras maestras en Hollywood: Cara a Cara y Mission: Impossible 2. Este momento de Blanco Humano, por tanto, tiene un valor incalculable por su insólito carácter dentro de la filmografía de Woo, y además no dudo ni un instante en responsabilizar de su existencia a Jean-Claude Van Damme y su extraordinaria capacidad involuntaria para desequilibrar todas las convenciones establecidas a las que se acerca, sean rasgos autorales o géneros consagrados.
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82 – El descenso a lomos del pajarraco de papel maché:
Riesgo desciende, en un momento mágico, a lomos de uno de los monstruosos muñecos que se pudren en los rincones del almacén. Lo que otro realizador habría liquidado en tres planos ramplones, Woo lo convierte en una sinfonía de ruido y papel ardiendo, intercalado con imágenes alternativas de los perros de Fouchon atravesando llamaradas, rarísimos planos desde la perspectiva del descendiente Riesgo y, sobre todo…
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83 – … Fouchon ardiendo: Hasta ahora todos nos lo hemos pasado muy bien leyendo sus comentarios acerca de lo bien que les está pareciendo Hostias Como Panes, la mucha risa que les da todo, pero también que eh, a Van Damme no se acercan algunos ni con una pértiga a diez metros. Que esto como decostrucción posmoderna está muy bien, pero eh, bueno, ya sabemos lo que es cine de verdad y lo que no. Ustedes sabrán, que son ya mayorcitos. Pero si la secuencia de Lance Henriksen literalmente chamuscado como un pollo a l’ast, rabiando a cámara lenta, gritando obscenidades a unos pasmados especialistas (que contemplan como un actor que no es ni remotamente una superestrella los tiene igual de cuadrados que ellos), no les cautiva hasta el punto de correr ahora mismo a por una copia de Blanco Humano para revisar esta secuencia, no es que sean ustedes idiotas (que también) o no hayan entendido nada (que yo más clarito ya no me puedo explicar). Si la idea de John Woo frotándose las manos mientras rodaba esta secuencia y tarareaba en imperfecto ingles “Let the motherfucker burn” no les pone los pelos de punta, tienen ustedes el criterio estético y la receptividad hacia todo lo que es bello y emocionante en este mundo en el ojete. Y ante eso yo es que ya, oigan, yo es que ya no sé qué hacer. ¿Acaso Fouchon on fire no es lo más catastróficamente bonito que han visto en todo el mes? ¿Acaso no? Ay…
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84 – Imagen perfecta # 11 (1:17:32):
El reflejo de un enemigo en el casco de uno de los perros motorizados simboliza el entendimiento físico, que no moral, de héroe y villanos. Subrayado, además, por unos escandalosos zooms que casi parecen chirriar y que en manos de alguien como Woo, con ese pulso para ubicar el recurso visual feo en el momento dramático más bello, colaboran en seguir empujando a Blanco Humano por ese glorioso precipicio de abstracción absoluta con la que lleva recochineándose más de un cuarto de hora.
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85 - Del revés: Puro delirio hongkonés. Riesgo agarra el revólver del motero inconsciente de su cartuchera, mientras este cae al suelo y, sin tiempo para girar el arma, dispara al ricachón armado hasta los dientes que ha visto reflejado en el casco, tras él. Tras vaciar el cargador en el pecho del villano, en una secuencia que le dio más de un dolor de cabeza con la censura estadounidense a Woo, Riesgo hace una cabriola inútil, espectacular y bellísima, un patadón con salto dirigido a la jeta del malo y que recibe con gusto, ya cadáver, escupiendo el puro que masticaba tres segundos antes.
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86 – Planazo:
Dice tío Douvée “Ahora dispararemos flechas a todo aquel que no sea Riesgo”. Siempre me ha encantado esa frase por su sincrética concepción de todo un género en un inspirado suspiro. La ultramaniquea concepción del enfrentamiento entre buenos y malos del cine de acción se refleja aquí en la mecánica que agita a los personajes. El viejo disparar a todo lo que se mueva, pero que en boca del anciano, y gracias a su rudimentario sistema de ataque adquiere cierta dosis de misticismo loco.

87 – Gente polivalente: La siguiente secuencia de acción es una mascletá de disparates que comienza con Riesgo dando una voltereta porque sí para subirse a una plataforma de la que se descuelga con una liana. En la conclusión vacía tres cargadores y sacude varias patadas con remanente incluído a un par de sicarios que tienen el honor de morir al mismo tiempo por traumatismo encefalocraneal y por herida de bala múltiple en numerosos órganos vitales. Riesgo es así: letal pero polifacético. Una secuencia que, por cierto, concuye con una planificación que me resultó hipnótica incluso cuando vi Blanco Humano en el cine: creo que se trata del estrafalario y excesivo colorido de este One vs. One, poco habitual en la usualmente tenebrosa fábrica.
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88 – Plano perfecto # 12 (1:19:50):
Riesgo esquiva una flecha, amigos. Que se dice pronto. Uno de los planos emblemáticos de la película, y no es para menos. Una flecha que, por cierto, Woo tiene la sangre fría de mostrar en dos planos: el expositivo y el sensacionalista. Es decir, el que se entiende y el que acojona: la flecha pasa escalofriantemente cerca de la bella faz de Van Damme.
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89 – 2 Become 1: Soy más bien poco amigo de imágenes como esta…
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… por su simplicidad excesiva y valor artístico de Ejercicio Práctico de Primero de Comunicación Audiovisual. Pero ahí quedan, y se lo merecen, aunque tengan la profundidad de una sardina. El mejor momento de esta secuencia, no obstante, no es la brevísima conversación entre Van Cleef y Riesgo mientras recargan sus armas, sino la forma en la que la concluyen: separándose de la pared en la que ambos se apoyaban y disparando a ciegas hacia donde estaban, martilleados por decenas de balas silbando entre las cabezas de ambos.

90 – Uno entra, otro sale: Ah, el brillante uso de las granadas en Blanco Humano. En realidad, es normal que el director hongkonés ande mucho más obsesionado con las armas de fuego que con las granadas: los revólveres y escopetas son prolongaciones de las extremidades, que se convierten así en cañones que escupen proyectiles. Las granadas son imprecisas y demasiado poderosas. Son sucias, y por eso en las películas de John Woo las cosas explotan aunque sólo se les dispare con una pistola. Pero en este caso, la coreografía es distinta: Riesgo sale de un cuarto por la ventana, rompiendo un cristal mientra un par de granadas entran por el mismo sitio, explotando y lanzando al héroe por los aires. La coreografía es impecable: Riesgo rompe la ventana con su cuerpo, pero el cristal es tan grande que las granadas lo agujerean, a su vez, en dirección contraria. Y todo, por supuesto, mostrado con la claridad expositiva y la lógica, matemática sencillez narrativa de Woo.