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Hostias como panes (XIV): Muerte súbita

Entrada publicada el 17 de Julio de 2010 por John Tones

(Hostias como panes es la serie de El Focoblog dedicada a glosar la fastuosa filmografía de Jean-Claude Van Damme. En orden cronológico y sin dejarse ni una. Podría decirse que es casi un símbolo del propio Focoblog, si no fuera porque Van Damme ya sólo es símbolo del propio Van Damme)

Sudden death
1995
Peter Hyams

La bamboleante filmografía de Van Damme es el ejemplo perfecto de por qué no vale la pena tomarse demasiado en serio las teorías autorales aplicadas a todos y cada uno de los elementos que componen una película. Si ya hay que coger con pinzas la tesis de que todas las películas de un mismo director tienen puntos comunes voluntarios y premeditados, ni les cuento cómo hay que tomarse esa misma idea aplicada a los actores. Gente que pasa de protagonizar películas con cierta línea lógica entran en montañas rusas cualitativas y cuantitativas que nos hace cuestionarnos cómo ven los actores sus propias carreras y cómo toman las decisiones. Un dolor de cabeza, imagino, para los redactores de revistas como Acción, que fundamentan sus articulazos en carreras de actores, e imagino que tendrán que dar a sus artículos una coherencia mayor que la de punto y aparte, nueva película. Aunque a lo mejor es mucho suponer.

En cualquier caso, lo que quiero decir es que con Van Damme, sobran las expresiones «está chotao» o «el actor más psicotrónico del mainstream de los noventa» o similares que nos inventamos en los momentos de bajona los cronistas para dar cierto sentido a lo que no es más que caos y devenires fortuitos, por la sencilla razón de que el pobre no era demasiado consciente de las diferencias entre glorias como Blanco humano, abismos como Street Fighter y productos medianos, por no decir mediocres, como este Muerte súbita. Exploit más de Alerta máxima que de La jungla de cristal, casi todo en esta película de Peter Hyams entra dentro de la categoría de anodino en una de las películas más regulares de Van Damme, y que ni siquiera tiene los viajes en el tiempo de la otra colaboración Hyams-Van Damme, Timecop, para animar el cotarro. Ni patadas voladoras ni disparates conceptuales animan un film que discurre por caminos transitados demasiado a menudo: Van Damme es un ex-bombero con trauma a cuestas que se dedica a dirigir la seguridad de la final de un campeonato de hockey sobre hielo. El estadio es asaltado por un ex-agente de la CIA que retiene al vicepresidente en una sala VIP, y se pueden imaginar todo: paseos por cocinas vacías eliminando a secuaces del villano, huecos de ascensor locos, amenazas a los familiares del héroe, niños en peligro, hackers de chichinabo… la aburrida visión del espectáculo que tiene Hyams le impide imprimir algo de nervio a las secuencias más divertidas de la película, como son la pelea a hostias con la mascota del equipo local o el holocausto final, con acrobacias imposibles desde la cúpula del estadio.

No me quiero ensañar con una película que da pereza revisar, pero que aún así tampoco hace que le tiemble la mandíbula inferior al fan, tal y como sucede con algunos abismos en los que se metió Van Damme cuando inició su etapa de excesos y adicciones (que arranca, poca broma, este año: 1995). Digamos que por poco vandámica (¿y el culo? ¿y el abrirse de patas?), es una de las películas de alto presupuesto más flojas del actor. Su mediocre recaudación (recuperó el presupuesto gracias al mercado doméstico europeo) mostró el inicio de un tobogán por el que Van Damme no dudaría en tirarse de cabeza, y que aunque en lo personal no le proporcionó demasiadas alegrías, en lo artístico nos deparará una buena sartenada de madresmías.

Te-Emes de Van Damme: Incapacidad Para Colocar los Brazos en una Posición Normal™, Carreritas por pasillos a trote cochinero™, Patada Voladora™, Dicción insondable™, Profesión simbólica™, Humor inapropiado™

Calificación: Pingüíno de peluche marcial + dramas familiares + ancianos que mueren de forma violenta + cúpula + malos que dan pereza = OOOOO (cinco hostias sobre diez)

HOSTIAS COMO PANES (XIII): Street Fighter

Entrada publicada el 16 de Abril de 2010 por John Tones

(Hostias como panes es la serie de El Focoblog dedicada a glosar la fastuosa filmografía de Jean-Claude Van Damme. En orden cronológico y sin dejarse ni una. Podría decirse que es casi un símbolo del propio Focoblog, si no fuera porque Van Damme ya sólo es símbolo del propio Van Damme)

Street Fighter
1994
Steven E. De Souza

Un entretenimiento vespertino: intenten pensar en una película, un libro, un tebeo de humor que puedan ridiculizar. No criticar, ojo: reírse de él. Imaginen que por una extraña obsesión hereditaria, odien Flying Circus, y deciden señalar la serie con el dedo y hacer «¡Ja, ja!». No pueden. Inténtenlo con Mortadelo. Con Siniestro Total. No pueden. Pueden, por supuesto, criticar todo ello con herramientas teóricas serias (pueden señalar incorrecciones técnicas en el dibujo de Ibáñez, fallas en el tempo cómico de John Cleese, o carencias en las variaciones melódicas de una canción de Siniestro), pero no pueden parodiar el sketch del loro muerto. La comedia está blindada contra la parodia, y por eso Aterriza como puedas se fija en un género impostadamente trágico, y por eso MAD nunca parodió al propio MAD (y cuando Harvey Kurtzman lo intentó tras dejar la revista, los resultados eran literalmente como para que al lector le estallara la cabeza).

Ahora intentemos todos comprender en qué cabeza cabe que Street Fighter, la película, haya sido durante tantos años objeto de mofa. Como comedia que es, sus únicas fallas están en sus escasísimos momentos dramáticos y el resto… está tan blindado que cualquier intento de burla reventará en la cara del parodiador. O dicho de otro modo: intenten buscar las cosquillas al momento en el que Chun-Li confiesa a Bison que quedó traumada por la masacre que acabó con la vida de su padre, y llegarán tarde. El megalómano Bison, soberbiamente interpretado por Raul Julia, ya revienta el dramatismo de la secuencia de confesión con la mejor frase de la película: «Para ti, el día que Bison honró a tu aldea fue el más importante de tu vida. Para mí… era martes». Cualquier crítica que se quiera enarbolar ante Street Fighter… ya la ha hecho antes la propia Street Fighter. A menudo inane, a menudo vacía, casi siempre involuntaria, pero Street Fighter, la película, está señalando a Street Fighter II, el videojuego que le inspira, y está diciendo: esta ridiculez es tu legado. La diferencia, claro, está en que en Street Fighter II el argumento es lo de menos, pero eran otros tiempos, y no es que la ludología fuera asignatura obligatoria en la analítica pop.

No me malinterpreten: aunque mal enfocadas, porque la gente no sabe ni lo que quiere, la fama de Street Fighter como uno de los grandes fiascos del cine de acción de los noventa, de la filmografía de Van Damme y de las adaptaciones de videojuegos a la gran pantalla (vaya tres patas pa un banco, ¿eh?), es relativamente merecida. Pero sólo, como decimos, si nos ponemos quisquillosos con las cuestiones más serias de la película. Las peleas, por ejemplo, son absolutamente terribles, incluso las de Van Damme (y no deja de ser extraño estando tras la cámara Steven E. De Souza, alguien que, como guionista, ha escrito algunas de las mejores piezas de acción en estado puro, casi abstracto, de la historia, como las Jungla de Cristal, Commando o Límite 48 horas). La razón, posiblemente, venga de esa siempre siniestra decisión de hacer que actores interpreten a luchadores, lo que da pie a interpretaciones regulares (sobre todo si algunos de los «actores» son gente como Kylie Minogue) y peleas terribles (hay una escena eliminada, con muy buen juicio, de lucha entre Cammy y Chun-Li que es un auténtico desastre).

Para casi todo lo demás, Street Fighter no pretende más que hacer pasar un rato divertido, y lo consigue con un sentido del humor blanquísimo, una depuración total de la violencia del videojuego y una traición absoluta de sus raíces pixeladas. Se ha dicho que para cambiar los decorados, la esencia y las motivaciones de los personajes no hacía falta pagar una millonada a Capcom para comprar los derechos de sus personajes, y en cierto sentido es cierto, pero también es innegable que lo que en un videojuego funciona por mera convención estética (luchadores muy dispares de todo el mundo y con muy diversos estilos de combate enfrentados), aquí solo suma disparate y sinsentido a un argumento que, en su tramo final, ni se esfuerza en tener la más mínima coherencia. Por algún motivo, De Souza y sus guionistas decidieron que los personajes debían llevar puestos en algún momento los trajes del juego, y a veces parece que determinadas derivaciones argumentales (que Ken y Ryu sean atrapados, por ejemplo) no son más que excusas para calzar a los personajes los trajes que llevaban sus contrapartidas virtuales. Es imposible tomarse en serio una película en la que el nombre del héroe está impreso bien clarito en una lancha de camuflaje o mira con lubricidad de tebeo chorra a todas las mujeres con las que se cruza, y ahí está su mayor fuerza y su mayor debilidad, especialmente para quienes creemos que Van Damme merecía por esta época una sartenada de blancos humanos: recién salido de la película de John Woo, un Van Damme camino del estrellato merecía un vehículo algo más contundente, pero por otra parte, una película en la que un boxeador ruso y un luchador de sumo combaten sobre una enorme maqueta mientras suenan efectos sonoros de una película de Godzilla es algo a lo que yo al menos, me siento incapaz de encontrar excesivas pegas.

Te-Emes de Van Damme: Pelo Horrible™, Incapacidad Para Colocar los Brazos en una Posición Normal™, Carreritas por pasillos a trote cochinero™, Patada Voladora™, Sonrisa inane™, Dicción insondable™

Calificación: Odio de los fans del videojuego + «Menuda mujer» + «Era martes» + Peleas abismales = OOOOOOO (siete hostias sobre diez)

HOSTIAS COMO PANES (XII): Timecop

Entrada publicada el 8 de Septiembre de 2008 por John Tones

Nunca he terminado de entender la pasión que despierta Timecop entre los propios fans de Van Damme, pero intuyo que se trata de una cuestión de complejo de inferioridad mal gestionado. Timecop es, junto a la más rotunda Soldado Universal, la película más taquillera del áctor, y junto a la más satisfactoria Sin Escape y la decididamente superior Muerte Súbita, la más convencional y menos característica de su estrella. Sin embargo, es la única en la que Jean-Claude Van Damme se asomó al abismo del estrellato, y su nombre se pronunció como equiparable a Schwarzenegger, Stallone y demás superestrellas del gremio. Algo falló.

Posiblemente, fue el rotundo enraizamiento de las virtudes de Van Damme en el campo del bajo presupuesto y la explotación. Si aún hoy las películas que hizo para la Cannon y similares son las que definen el vandammismo puro, es por algo: una superproducción, donde por definición se moderan las extravagancias, los disparates y la locura para acercar la película a la mayor cantidad posible de público, tienen que dañar por fuerza el estilo de un actor cuyos TMs más celebrados son abrirse de patas, hacer cucamonas a cámara lenta y enseñar el culo. Paradójicamente, el presupuesto medio redunda en beneficio de una película amena y moderadamente disparatada; pero también juega en contra de Van Damme, que aquí sería, salvo momentos muy puntuales, perfectamente sustituíble por uno cualquiera de sus imitadores. (La prueba de ello está en la tardía y chotadísima secuela directa al vídeo, Timecop 2: The Berlin Decision, que contemplé atónito por televisión este mismo verano entre piruetas temporales dignas de hard sci-fi demente y con un Jason Scott-Lee en infrahoras).

En cierto sentido muy perverso, es significativo que Timecop se inspire en un comic de Dark Horse, cuyo dogma, santo y seña ha sido siempre la regurgitación para todos los públicos de conceptos del fantástico complicados de asimilar. Alien es el ejemplo clásico, pero hacer de Predator o Terminator meros superhéroes de coeficiente intelectual bajo mínimos exige un duro trabajo de banalización… que es el que llevaron a cabo con los viajes en el tiempo y la miniserie Timecop. La película de Van Damme fue su perfecto reflejo, hasta el punto de que los TMs de la estrella parecen concesiones para los fans que no encajan con el resto de la narración, entretenida pero nada apasionante. Ésta nos cuenta cómo en un futuro no muy lejano, los viajes en el tiempo se implantan hasta el punto de que es necesaria una fuerza policial que impida la proliferación de paradojas y demás inconsistencias metafísicas propias del género.

El planteamiento de la fuerza policial transtemporal, puro pulp regurgitado, no es el único detalle que reconcilia al espectador con la personalidad algo fría de la narración. A los cinco minutos de película el guión ya está hablando del efecto mariposa con una ligereza muy de agradecer y fijando una regla que me vuelve loco (no se puede viajar al futuro porque no se ha producido aún, cosa que se contradice sin problemas cuando se viaja desde el pasado al presente –el futuro de ese pasado-). Se manejan conceptos relativistas y se plantean paradojas con alegría y despreocupación, y me gustaría pensar que algo tuvieron que ver en ello Sam Raimi y Robert Tapert, productores también de Blanco Humano, en busca quizás de convertir a Van Damme en una estrella de la acción alternativa, una que se rebozara en los tópicos de la serie B y en el cine de género con sentido. El espíritu Van Damme aparece en determinados momentos (el combate en la cocina, apertura pernil incluída, la caída al vacío con viaje en el tiempo, el brazo congelado, la frase “Con esas pataditas deberías estar bailando en Broadway”), pero por desgracia, Peter Hyams desaprovecha momentazos puestos en bandeja: la posibilidad de que dos Van Dammes se den de hostias aunque sea por un momento; esa muerte final del villano que habría quedado tan bonita con látex y no con un horrendo CGI… En general, Hyams desaprovecha a un Van Damme en su mejor momento de forma física, una extraña mezcla de bailarín y luchador… rodando peleas en las que no se ve nada.

Ah, las ínfulas. Esas ínfulas.

Te-Emes de Van Damme: Pelo Horrible™, Incapacidad Para Colocar los Brazos en una Posición Normal™, Sonrisa + Ojitos En Escena de Relleno™, Patada Voladora al Ralentí™, Culo™

Calificación: Paradojas espacio-temporales como si nada + “Lee entre líneas” + Pocos vandammismos = OOOOO (cinco hostias sobre diez)

Hostias Como Panes: Bifurcación

Entrada publicada el 14 de Febrero de 2008 por John Tones

La noticia del día no es lo del trailer de Indiana Jones (cómo le damos al mecanismo pauloviano, ¿eh?), sino la apertura de un blog dedicado a la persona y el personaje de Jean-Claude Van Damme. Su responsable es nuestro habitual PJ Tena, lo cual ya garantiza cierto rigor y ciertas ganas de hacer bien las cosas. Mal por el nombre (¿qué les impedía llamarlo Van Dammage?), pero en todo lo demás, recomendación absoluta: VanDammeSpain.

HOSTIAS COMO PANES – Interrupción publicitaria – WOW

Entrada publicada el 12 de Diciembre de 2007 por John Tones

Eso mismo, WOW van a decir ustedes cuando vean que Jean-Claude Van Damme parece cada vez más su propia madre maquillada. Pero miren como se menea aún. Este es de los míos, joder.