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Cosas sensatas para gastar dinero

Entrada publicada el 4 de Octubre de 2006 por John Tones

Robert Anton Wilson es, según la Wikipedia, novelista, ensayista, filósofo, psicólogo, futurólogo, anarquista e investigador de las teorías de la conspiración. Se lo crean o no, aunque les parezca que esa ristra es demasiado, Robert Anton Wilson es mucho más que eso: es uno de los cerebros más importantes del siglo XX. No soy ningún experto en el tema: he leído el hoy inencontrable (en castellano) Las Máscaras de los Illuminati, más de un ensayo sobre y por este titán del pensamiento huidizo, y tengo en lista de espera las recientes ediciones en nuestro idioma de algunas de las derivaciones que RAW escribió sobre su fundacional Trilogía de los Illuminati. Si quieren saber más, les recomiendo este y este post que Master Absence escribió (entre otros) sobre el susodicho retorno de Robert Anton Wilson al español.

El caso es que Robert Anton Wilson se muere, como muchos de ustedes sabrán. El síndrome postpolio le tiene postrado en casa, acompañado de su mujer. Lo ajustadísimo de su situación financiera hace que no sepa si va a poder pagar el próximo mes de alquiler, y ha lanzado un llamamiento para que los fans, la gente que le ha leído y cuya masa encefálica ha quedado indeleblemente reconfigurada a través de su caligrafia, le ayuden. Necesita dinero, y Boing Boing proporciona, en este post, una dirección, un email y una cuenta de paypal a través de la que la gente puede donar dinero. Sé que en Europa no estamos muy acostumbrados a estas cosas de la ayuda y la caridad, pero quería que supieran que una de las mentes más privilegiadas a las que yo me he acercado, uno de los titiriteros culturales en la sombra más influyentes del pasado siglo las está pasando putas. Si quieren una excusa para sentirse bien, esta es perfecta.

Edito: A punto estaba de postear lo anterior cuando me entero de la noticia. El monstruo Boing Boing ha vuelto a hacerlo. La comunidad paranoide-pajera (que es muy amplia, para algo están en todas partes) ha donado suficiente dinero como para que Robert Anton Wilson no sea expulsado de su casa el próximo mes. Espero que el flujo de dinero no se detenga y los pocos meses que le quedan de vida (sí, amigos, la gente se muere) los pase con relativa tranquilidad.

Hoy me han pillado melancólico, ¿eh?

A la cultura por la lectura

Entrada publicada el 7 de Febrero de 2006 por John Tones

Les traigo hoy un par de tebeíllos para que se solacen y olviden sus penas. Ahogen sus lamentos en viñetas tan estupendas como…

- Bands I Useta Like, de Mike the Pod, que saqué de Screenhead. En estas breves historias confesionales va desgranando los motivos (muy racionales la mayoría de las veces, cuando no muy comprensiblemente irracionales) por los que comenzó a escuchar determinados grupos musicales. La retahíla de nombres es tan variada que seguro que encuentran alguna neura con la que identificarse. Especialmente gracioso me ha resultado Oingo Boingo (“Oh God, not only is dull… It’s latin-inflected!!!”), y especialmente entrañable The Police, por una serie de reflexiones (“why cant they just get along?”… bendita inocencia) que yo puedo transportar punto por punto a un muy específico y, en cierto sentido, policista grupo pop nacional.

- The Religious Experience of Philip K. Dick de Robert Crumb, las densísimas ocho páginas detallando a finales de los ochenta, con inquietante frialdad, la iluminación del genio. Lo saqué de Boing Boing, y cuando obtengo algún link de allí lo dejo enfriar un poco, porque todo el mundo los acaba quemando. Éste debía de tener demasiada letra, porque poca gente se ha hecho eco del fantástico escaneo. Así que lean, que a mí me ha provocado cierta gana de releer todo Dick. Aprovecharé, ya que estamos, para hacerlo en orden cronológico, e inaugurar así una de mis series de post que se quedan invariablemente en la primera enrega. El bueno de Adolfo afirma que si leo a Dick en orden ennloqueceré como el propio gordinflas. Intentaré correr el riesgo. Por ustedes. Anda que…

Actualización: Si siguen los comentarios, habrán visto que se ha desatado una conversación acerca de cómo sería conveniente releer los libros del maestro Dick. Joe D’Allessandro ha recordado que escribió un excelente artículo para Mondo Brutto allá por 1999. Aunque la bibliografía en castellano, gracias a las recientes reediciones de Minotauro, está un poco más palpable que entonces, les recomiendo el artículo sin ninguna reserva. Disfrútenlo.

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Aquellos que poseían la Biblia – Un Relato -

Entrada publicada el 15 de Febrero de 2005 por John Tones

Hace unas semanas linkábamos un fenomenal relato satírico de Will Shetterly acerca de las contradicciones y las miserias del copyright llamado The People Who Owned the Bible. También pedíamos a algún alma caritativa, y ya que el cuento original estaba licenciado con Creative Commons, que lo tradujera. Dicho y hecho: tres titanes habituales de esta página, Fedorento, Dr. Zito (del que aprovecho para recomendarles su prometedor y recién inaugurado blog, El Gabinete del Dr. Zito), y Alex Werden, han traducido el relato, y ya que la idea salió de aquí, me ceden la exclusiva momentánea. Así que no pierdan ni un momento y disfruten de Aquellos que Poseían la Biblia –Un relato-.

Aquellos que Poseían la Biblia – Un relato
This work is licensed under the Creative Commons Attribution-ShareAlike License. To view a copy of this license, visit http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/ or send a letter to Creative Commons, 559 Nathan Abbott Way, Stanford, California 94305, USA.
Traducción de The People Who Owned the Bible de Will Shetterly realizada por fedorento, Dr Zito y Alex Werden.

Había llegado el momento de renovar el Copyright sobre Mickey Mouse para así mantener la propiedad de Disney fuera del dominio público. Fulanito tuvo una brillante idea. En lugar de pedirle al Congreso que añadiese los típicos 20 años a la duración del Copyright ¿Por qué no hacerlo a lo grande y extender el Copyright 500 años?

Menganita añadió una inteligente razón: una extensión de 500 años permitiría a Disney localizar a los herederos de Shakespeare y comprarles los derechos de la obra del Bardo inmortal. No importaba cuanto pudieran pedir los herederos, el acuerdo daría beneficios enseguida. Toda escuela que quisiera representar o estudiar a Shakespeare tendría que enviar un cheque a Disney. Cada Periódico, revista o programa de radio que quisiera usar una cita del Bardo también tendría que enviar uno. Así que Disney solicitó, el Congreso concedió y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, (OMPI), siguió su ejemplo. Disney pagó a los herederos de Shakespeare y después utilizó los beneficios que obtuvo con su nueva patente para comprar todos los derechos a los herederos de Dumas, Dickens, Twain, Mary Shelley, Jane Austen, Bram Stoker y otros. Una vez que la mayoría de las películas de todos los estudios estuvieron sujetas al copyright de Disney, estos o se declararon en bancarrota o acabaron siendo subsidiarias de Disney.

Y todo el mundo estaba conforme, excepto los contadores de historias, que tenían que comprar a Disney licencias o probar que su trabajo no le debía nada a los últimos 500 años de literatura.

Entonces, el ADN de Jimmy Joe Jenkins confirmó que era el descendiente directo de los traductores de la versión de la Biblia del Rey Jaime. Al principio, Jimmy se conformó con el 10% del precio de cada Biblia vendida y el 10 % de la colecta de todas y cada una de las iglesias que utilizaban la versión de la Biblia del Rey Jaime. Pero cuando algunas iglesias se cambiaron a traducciones más modernas, Jimmy azuzó a sus abogados sobre todas las traducciones basadas en la versión del Rey Jaime. Eso le proporcionó una tajada de cada Biblia y cada servicio religioso cristiano que se hacia en inglés. Algunos traductores reclamaron que su trabajo estaba basado en versiones más antiguas y que por lo tanto deberían estar exentos, pero ninguno de ellos podía permitirse enfrentarse a Jimmy en los tribunales.

Las iglesias refunfuñaron y pagaron a Jimmy su diezmo, excepto los Mormones, los Cristianos Científicos, los Adventistas del Séptimo Día, Cuáqueros y los Universalistas Unitarios. Jimmy dijo que sus enseñanzas dañaban el valor comercial de su propiedad y se negó a que utilizasen la Biblia. Todos estos grupos se disolvieron excepto los Universalistas Unitarios, que no notaron cambio alguno.

Entonces Jimmy suprimió todas las partes de la Biblia que criticaban a la gente rica. La mayoría de las grandes Iglesias supervivientes no se dieron cuenta de ello. Pero se quejaron cuando Jimmy cambió en las traducciones tradicionales los nombres de José y María por los de Jimmy Joe y Lulabelle, el nombre de su nueva y guapa esposa.

Pero cuando su Lulabelle se fugó con un vendedor de Biblias, Jimmy se retiró a una de sus mansiones y se negó a que nadie imprimiera ninguna Biblia más o usase ésta de cualquier forma que produjese dinero.

Las iglesias que aún sobrevivían enviaron delegados a Disney, pidiéndoles que hicieran que el Congreso redujera el periodo de Copyright para que la Biblia del Rey Jaime fuera de nuevo de dominio público. Pero Disney había adquirido los derechos de un drama de venganza durante la Restauración que parecía un gran vehículo para Britney Spears, por lo que hicieron una contraoferta.

El Congreso alargó el periodo de copyright durante 2.000 años más, y la OMPI siguió su ejemplo. Jimmy tendría que pagar cada dólar que había cobrado de la Iglesia Católica, ya que la Versión del Rey Jaime estaba basada a su vez en la Vulgata, primera traducción de la Biblia al Latín hecha por San Jerónimo. Para poder usar la Biblia, todos los protestantes se hicieron católicos. Disney adquirió el Copyright y las marcas registradas de Robin Hood, el Rey Arturo y Las 1.001 Noches.

Y todo el mundo estaba conforme, excepto por los contadores de historias que tenían que comprar a Disney las licencias o probar que su trabajo no le debía nada a los últimos 2.000 años de mitos y folklore.

Entonces el ADN de Spike Greenbaum probó que ella era la descendiente directa de Jesús o de un hermano suyo. Spike permitió a los católicos usar su Biblia a cambio de que el Papa la casara con su novia. Entonces dijo que como los curas pudieron elegir entre casarse o ser célibes durante los primeros 1.000 años, pero que después tuvieron que ser célibes durante los siguientes 1.000 años, todos los curas deberían ahora casarse con al menos una persona. Y como Jesús había dicho a sus seguidores que vendiesen sus posesiones y dieran su dinero a los pobres, todo objeto valioso propiedad de la Iglesia Católica tendría que ser donado para la investigación sobre el SIDA.

Los Católicos refunfuñaron, pero se consolaron un poco cuando los tribunales fallaron que el Corán era un trabajo derivado y Spike impidió a Arabia Saudí usarlo hasta que permitieran a las mujeres conducir y a los hombres no.

El Papa consideró brevemente la posibilidad de recuperar a la Iglesia de Mithra, lo que permitiría a su gente continuar rezando los domingos y celebrar la Natividad el 25 de Diciembre. Pero sus esposas le indicaron que el culto romano de Mithra entraba en el período cubierto por el copyright, y que el heredero directo era un miembro de la NAMBLA (North America Man Boy Love Association) que estaba preparando acciones legales contra Spike sobre los derechos de la Biblia. Entonces los católicos enviaron delegados a Disney, pidiéndoles que acortasen el periodo de Copyright para poner de nuevo la palabra de Jesús en el dominio público.

Pero Disney había adquirido los derechos del Satiricón, que parecía un vehículo perfecto para Ashton Kutcher, por lo que hicieron una contraoferta.

El Congreso alargó el periodo de copyright otros 2.500 años. Spike Greenbaum debía ahora cada dólar que había cobrado a Israel, ya que la traducción de de San Jerónimo estaba basada en los textos sagrados hebreos. Para poder usar la Biblia, todos los católicos se hicieron judíos, y Disney compró los derechos de la Ilíada y la Odisea.

Y todo el mundo estaba conforme, excepto los contadores de historias, que tenían que comprar a Disney las licencias o probar que su trabajo no le debía nada a ninguna historia que hubiera formado parte de la civilización humana.

Entonces, el ADN de Kurosh Jadali confirmó que era el descendiente directo de Zoroastro, cuyas enseñanzas sobre monoteísmo habían sido adoptadas por los judíos durante su cautiverio en Babilonia. Kurosh dijo que como Zoroastro había predicado la tolerancia religiosa, se alegraría de que los judíos usaran sus textos sagrados. Como pago, solo quería 1.000 € por cada Torah editada y el 75% de todo el dinero que recibiera cualquier sinagoga. Cuando los rabinos refunfuñaron, Kurosh les preguntó si acaso eran comunistas que no respetaban la propiedad intelectual.

Todas las ramas del judaísmo enviaron delegados a Disney pidiéndole que volvieran a la situación anterior para que las enseñanzas de Zoroastro pudieran ser del dominio público. Pero Disney había adquirido los derechos del poema épico de Gilgamesh, que parecía un buen vehículo para Jim Carrey, por lo que hicieron una contraoferta.

El Congreso alargó el copyright por otros 100.000 años. Kurosh Jadali tuvo que devolver todo su dinero a las Naciones Unidas, ya que el ADN de todo el mundo probaba que eran descendientes de la primera persona que contaba historias sobre Dioses. Disney compró los derechos de una historia que había sido pintada en un muro sobre una gente con unos animales que pensaron sería un gran vehículo para Mel Gibson.

Y todo el mundo estaba conforme, excepto los contadores de historias que tenían que comprar a Disney las licencias o probar que su trabajo no le debía nada a ninguna historia que tuviera personajes haciendo cualquier cosa.

Hasta que una señora llegó a las oficinas de Disney y dijo que gracias a la extensión del periodo de la Ley de Copyright, la ley de patentes también había sido alargada. Y que como su ADN había confirmado que era la descendiente directa de la primera persona que proyectó sombras en un muro y contó historias sobre ellas, tenia la intención de hablar con la Organización de Empresarios Colegiados acerca de todas y cada una de las películas y programas de televisión que Disney creía poseer.

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