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	<title>FocoBLOG &#187; Mil Películas de Terror</title>
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		<title>Mil Películas de Terror (8/1000): Behind the Mask &#8211; The Rise of Leslie Vernon</title>
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		<pubDate>Fri, 30 May 2008 10:27:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>John Tones</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mil Películas de Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[	Behind the Mask &#8211; The Rise of Leslie Vernon, inesperada sorpresa de 2006 dirigida por Scott Glosserman, se aprovecha de dos modas fílmicas recientes para elaborar un discurso único, tenso, consciente y asequible tanto para el profano del cine de terror como para el aficionado terminal a los slashers que a causa de la sobreexposición [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><span style="font-weight: bold" class="Apple-style-span"><span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">Behind the Mask &#8211; The Rise of Leslie Vernon</span></span>, inesperada sorpresa de 2006 dirigida por <span style="font-weight: bold" class="Apple-style-span">Scott Glosserman</span>, se aprovecha de dos modas fílmicas recientes para elaborar un discurso único, tenso, consciente y asequible tanto para el profano del cine de terror como para el aficionado terminal a los <span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">slashers</span> que a causa de la sobreexposición a secuelas de <span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">Viernes 13</span> tiene la suspensión de credibilidad en el Nivel 11. Así, por un lado se apropia de los códigos más recurrentes de los falsos documentales, con su cámara temblorosa y su narración en primera persona, y su montaje fragmentado entre entrevistas de naturaleza catódica y secuencias de campo, con abundantes caminatas cámara al hombro. Y por otro, <span style="font-weight: bold" class="Apple-style-span"><span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">Behind the Mask</span></span> abraza el agradecido género del cine de terror autoconsciente: en estos tiempos en los que hasta hacer cine de terror de naturaleza clásica lleva implícita una reflexión sobre sus mecanismos, la película de <span style="font-weight: bold" class="Apple-style-span">Glosserman</span> matiza los códigos narrativos del género con una inteligencia y una devoción que sería la envidia de los mejores momentos de la serie <span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">Scream</span> o de obras maestras del <span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">post-slasher</span> norteamericano como <span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">Freddy Vs. Jason</span>.<br />
<br class="webkit-block-placeholder" />Radical y aguda desde su punto de partida, <span style="font-weight: bold" class="Apple-style-span"><span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">Behind the Mask</span></span> da un paso más allá en la constitución de una serie de reglas genéricas que se transmiten como un meme sangriento gracias a los vasos comunicantes de las normas no escritas de cada género. Y si Su<span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">cedió Cerca De Su Casa</span> rubricó con la rugosa caligrafía del falso documental las costumbres del <span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">psychokiller</span> como personaje, y <span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">Scream</span> reescribió los tópicos sagrados que todos conocíamos con el simple pero muy poderoso hecho de la verbalización, <span style="font-weight: bold" class="Apple-style-span"><span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">The Rise of Leslie Vernon</span></span> llega a un curioso punto intermedio entre ambas, haciendo que el psicópata, seguido por un equipo de televisión que está rodando un programa sobre su carrera criminal, las explique. Es decir, ya no sólo se trata de enunciar las reglas, sino de de justificarlas, de racionalizarlas, de comprenderlas: y de hacerlas así, ya definitivamente, sagradas.<br />
<br class="webkit-block-placeholder" />Así, en todo el tramo inicial de la película, la cámara y una periodista sigue a Leslie Vernon, un psicópata que está a punto de atravesar su bautismo de sangre inaugural, explicando, en un mundo en el que Freddy Krueger y Jason Voorhes son asesinos reales, por qué los de su género se comportan así. Por qué el silencio, por qué la máscara, por qué el arma blanca y por qué los rumores de origen arraigados en maldad primigenia, en perversiones insondables, envidia, violencia, incesto, sangre, humillación y, finalmente, venganza. Con una naturalidad que deja bien clara la naturaleza metalingüística de la película, Leslie Vernon se convierte en un experto simbolista del género: cuando la víctima está escondida, obviamente, en un armario, ese escondite se respeta, porque es un lugar seguro como el vientre materno. Pero Leslie (y <span style="font-weight: bold" class="Apple-style-span">Scott Glosserman</span>) van más allá del chascarrillo para conocedores del género: cuando Leslie afirma que la superviviente se fortalece cuando coge un cuchillo porque es como si cogiera un pene, la periodista que le entrevista se queja por la obviedad y chauvinismo del símbolo, a lo que Leslie justifica las convenciones afirmando que hay que respetarlas&#8230; porque son convenciones. Y acto seguido explica los intríngulis de la trampa en la que han caído los adolescentes que rodean a la superviviente: luces que no funcionan, trucos que hacen que parezca que el asesino está en todas partes al mismo tiempo, ventanas atrancadas, armas saboteadas&#8230; Y todo hay que respetarlo por su propia naturaleza de convención atávica y narrativa. Es imposible concebir un homenaje a los géneros más sencillo, honesto y directo.<br class="webkit-block-placeholder" /><br />
Ahí, justo ahí está la raíz envenenada que vertebra todo el tronco simbólico de <span style="font-weight: bold" class="Apple-style-span"><span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">Behind the Mask</span></span>. La prueba está en la encarnación como uno de los personajes del guionista / creador del film, de alguien dispuesto a explicitar las tesis de la película. Y si en <span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">Scream</span> el alter ego de <span style="font-weight: bold" class="Apple-style-span">K</span><span style="font-weight: bold" class="Apple-style-span">evin Williamson</span> es Randy Meeks, que enumera en cada entrega de la serie las reglas que siempre se cumplen en las películas de terror, en<span style="font-weight: bold" class="Apple-style-span"><span style="font-style: italic" class="Apple-style-span"> Behind the Mask</span></span> <span style="font-weight: bold" class="Apple-style-span">Glosserman</span> se encarna en el propio Leslie Vernon, el asesino, lo cual no deja de tener lógica: esta película no destapa las reglas, como <span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">Scream</span>. Las explica. Y de ese modo, la coherencia del tramo final es absoluta: cuando los periodistas, en un giro argumental previsible pero muy bellamente rodado, se convierten en personajes de la ficción y, por tanto, en potenciales víctimas del asesino, intentan desmadejar el plan que ya conocen y que Leslie Vernon les ha contado: pero no es que conozcan los engranajes generales del género y tienen que aplicarlos a un caso particular (como pasa en <span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">Scream</span>), sino que conocen el caso particular y tienen que combatirlo para pervertir los engranajes generales.<br class="webkit-block-placeholder" /><br />
Así de compleja es <span style="font-weight: bold" class="Apple-style-span"><span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">Behind the Mask</span></span>, pero es una complejidad amable, nada escarpada, muy accesible. Ningún amigo de una buena película de terror va a encontrarse con barreras posmodernas infranqueables, pero los fans curtidos en mil franquicias gozarán con los habituales guiños (personajes que se llaman Doc Halloran o Collinwood, mascotas llamadas Church y Zowie, niñas que saltan a la comba, botes de medicamentos &#8220;Stay Awake&#8221;, cameos de la Configuración Del Lamento, aparición sorpresa del número 1428 de la calle Elm Street&#8230;). Y, sobre todo, sabrán apreciar la devoción por su material de partida que rebosan detalles como que los psicópatas denominen a sus archinémesis &#8220;mi Ahab&#8221; o que el mentor del protagonista, un asesino retirado, se haya casado con la que fue objeto de su acecho. Son ese tipo de aristas sin pulir del mito en las que indaga <span style="font-weight: bold" class="Apple-style-span"><span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">Behind the Mask</span></span>, por encima de su cuestionamiento y reafirmación de los retruécanos argumentales, las que hacen de esta joyita de <span style="font-weight: bold" class="Apple-style-span">Scott Glosserman</span> el complemento perfecto para una sesión doble con <span style="font-style: italic" class="Apple-style-span">Halloween</span> de <span style="font-weight: bold" class="Apple-style-span">Rob Zombie</span>, igual de rompecabezas pero mucho menos explícita.<span><span style="font-size: 13pt; font-family: 'Lucida Grande'; color: black" lang="EN-US"></span></span></p>
	<p><ins><br />
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</ins></p>
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		<title>Mil Películas de Terror (7/1000): Re-Sonator</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Dec 2007 22:27:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>John Tones</dc:creator>
				<category><![CDATA[Focoblog - The Masterworks]]></category>
		<category><![CDATA[Mil Películas de Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[	
	Re-Sonator es, en muchos sentidos, una película peligrosa. Es fácil de subestimar por una razón muy obvia: es el intento de un equipo de producción muy concreto y muy amplio (Lovecraft como inpirador remoto del guión, Barbara Crampton y Jeffrey Combs como actores, Stuart Gordon como director, Brian Yuzna y Charles Band como productores, Richard [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p class="MsoNormal"><img src="http://www.focoblog.com/wp-content/uploads/frombeyond.jpg" alt="frombeyond.jpg" /></p>
	<p><em>Re-Sonator</em> es, en muchos sentidos, una película peligrosa. Es fácil de subestimar por una razón muy obvia: es el intento de un equipo de producción muy concreto y muy amplio (<strong>Lovecraft</strong> como inpirador remoto del guión, <strong>Barbara Crampton</strong> y <strong>Jeffrey Combs</strong> como actores, <strong>Stuart Gordon</strong> como director, <strong>Brian Yuzna</strong> y <strong>Charles Band</strong> como productores, <strong>Richard Band</strong> como compositor de la banda sonora) de repetir un éxito previo, <em>Re-Animator</em>. Supongo que a toro pasado es sencillo decir que estaba claro que era una empresa condenada al fracaso, al menos en lo artístico: no estoy tan seguro de que ellos pudieran verlo tan evidente, tan notorio, en 1986. Pero incluso ellos debían ver claro que los elementos que habían dado como fruto <em>Re-Animator</em> procedían de una mezcla alquímica de talentos, y como alquímica que era, muy complicada de reproducir de nuevo. Es sencillo, pues subestimarla: <em>Re-Animator</em> es, en muchos sentidos, la mejor película de la historia, y ya saben a qué me refiero con esta maximización. Es la mejor en tantos y tantos aspectos, que en lo global también va más allá de lo sumativo de sus partes.</p>
	<p>Pero digo que <em>Re-Sonator </em>es peligrosa porque, por otra parte, también es fácil sobrestimarla. He borrado ya tres veces la frase &#8220;<em>Ya no se hacen películas así</em>&#8221; porque es cierto, no se hacen, pero caer en señalarlo es una actitud cómoda y peligrosa. Contemplando la absolutamente gloriosa restauración de metraje y, sobre todo, la renovada calidad de imagen y sonido que trae el reciente Director&#8217;s Cut editado en DVD (norteamericano), se presencia una celebración del horror físico como una puerta al miedo metafísico que, simplemente, no es posible replicar en estos tiempos de asepsia lumínica y efectos especiales a golpe de CGI. No quiero convertir esta reseña en otra oda al látex, aunque me daré de hostias con quien haga falta para defender que los efectos especiales de, por ejemplo, <em>Society</em>, tienen un valor artístico, industrial, conceptual y visual diez, cien, mil,un millón de veces más elevado que los de cualquier película de terror de gran presupuesto de los últimos quince años.<br />
<em><br />
Re-Sonator</em> pertenece a esa estirpe, y me encanta que se me llene la boca diciéndolo, porque hacía muchos años que no la veía, y me temía lo peor. Si bien es cierto que adelanta algunos de los peores vicios de la <strong>Empire</strong> / <strong>Full Moon</strong> de los años venideros (exteriores ridículamente falsos, soluciones en los efectos especiales que anteponen la exhibición desvergonzada a la solución ingeniosa), aún conserva una frescura que en <em>Re-Animator</em> estaba al trescientos por cien y que se basa, esencialmente, a no pertenecer a nadie. A ser valiente, aguerrida, bizarra (en el sentido castellano clásico): a inspirarse en <strong>Lovecraft</strong> para hacer lo que le dé la gana. En filmar a gritos, a espasmos, con las tripas literales y metafóricas. Miren sólo estos dos minutos de película:<br />
<span lang="EN-GB"><br />
<ins><br />
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</div>
</ins><o:p></o:p></span></p>
	<p>Observen la conclusión del vídeo. Aquí no se ve bien, pero ese zoom final es tan agresivo que la imagen pierde foco. Y la impresión que da no es la de muchas películas italianas de caníbales, no es el &#8220;<em>bah, da igual, tiramos para alante que se nos echa el tiempo encima</em>&#8220;. Es una sensación de punk fílmico, de saturación sensorial extrema que no tiene parangón actual. Esa saturación se da también con el diseño de los seres que se aparecen a los protagonistas cuando conectan el Re-Sonator, que anticipan a la mencionada <em>Society</em> en su recuperación descarada del concepto clásico de monstruo: lo monstruoso es algo que nos obliga a replantearnos la realidad. Los seres de <em>Re-Sonator</em> están tan extremados&#8230;</p>
	<p><span lang="EN-GB"><ins><br />
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<div style='height:350px;' class='yourTubeVideo'><object style='width:400px;height:350px' type='application/x-shockwave-flash' data='http://www.youtube.com/v/nd-eoXg4YLI'><br />
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</div>
</ins></span></p>
	<p>&#8230; que sacuden el cerebro del espectador, le obligan a cuestionarse cuáles son los extremos de lo horrible. Porque en <em>Re-Sonator</em>, lo horrible alcanza cotas muy superiores a las que llegaba la imaginación del espectador antes de empezar a verla, y en ese sentido, desde luego, es un éxito que brilla por encima de <em>Re-Animator</em>. Secuencias como el enfrentamiento a golpes y mordiscos de dos cadáveres que están mucho más allá de la mera descomposición, que están más cerca de una atomización conceptual, y que culmina con dos cráneos mordiéndose con furia y que a mí me recordó a según qué grabados románicos de horror y de danza de la muerte, cambia irremediablemente a quien lo ve.</p>
	<p><em>Re-Sonator</em> es, pues, y ahí quizás encuentre una identidad propia, un perfecto camino intermedio entre el oscuro <em>splapstick </em>de <em>Re-Animator</em>, quizás la mezcla más equilibrada de horror y comedia jamás rodada, y las tesis neocárnicas que <strong>Yuzna</strong> prolongaría en <em>Society</em> con los resultados que todos adoramos. <em>Re-Sonator</em>, lanzando mensajes al espectador acerca de que quizás la esquizofrenia sea una forma de cordura extrema, o que los espectáculos de obscenidad y lujuria máximos pueden hacer enloquecer, quizás no sea una película redonda. Pero en su desnuda exhibición de cosas que no vamos a volver a ver en una pantalla de cine nunca más y que hasta ese momento nadie había visto, es un espectáculo absolutamente imprescindible.</p>
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		<title>Mil Películas de Terror (6/1000): Refugio Macabro (Asylum)</title>
		<link>http://www.focoblog.com/2007/11/20/mil-peliculas-de-terror-61000-refugio-macabro-asylum/</link>
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		<pubDate>Tue, 20 Nov 2007 00:26:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>John Tones</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mil Películas de Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[	
	En los preámbulos del mejor episodio de Refugio Macabro, The Weird Taylor, su narrador y alucinado protagonista hace el gesto de coser una tela inexistente. Cuando el doctor que va a visitarlo le pregunta si está acaso cosiendo una bata, el anciano sastre responde &#8220;Puedo coser lo que quiera. Puedo hacer una bata&#8230; o una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img src="http://www.focoblog.com/wp-content/uploads/asylum.jpg" alt="asylum.jpg" /></p>
	<p>En los preámbulos del mejor episodio de <em>Refugio Macabro</em>, <em>The Weird Taylor</em>, su narrador y alucinado protagonista hace el gesto de coser una tela inexistente. Cuando el doctor que va a visitarlo le pregunta si está acaso cosiendo una bata, el anciano sastre responde &#8220;<em>Puedo coser lo que quiera. Puedo hacer una bata&#8230; o una mortaja</em>&#8220;. En la terrorífica e inesperada sencillez de esa frase, en el encabalgamiento de lo macabro sobre lo cotidiano en el momento más imprevisto está la grandeza de <em>Refugio Macabro</em>, una interesante producción británica de 1972 de <strong>Amicus Productions</strong> que se enmarca en la fiebre de la modesta compañía por las películas de <em>sketches</em>.  La diferencia de <em>Asylum</em>  con el resto de la producción, no ya de la <strong>Amicus</strong>, sino del género británico de la época, está en la demoledora postura moral que adopta, y cuyos motivos haya que buscar quizás en la identidad de sus autores.</p>
	<p>La gran mentira del cine británico de los setenta es que no había autoría, y la culpa es, una vez más, de los fans con tendencia al archivismo y su pasión por las etiquetas. La tendencia a catalogar, por ejemplo, el cine de la productora <strong>Hammer </strong>a golpe de constantes comunes en películas dispares impide el análisis pormenorizado de autores como <strong>Terence Fisher</strong> (quizás el único que consiguió que sus rasgos autorales brillaran con sencillez) o <strong>Roy Ward Baker</strong>, director de <em>Asylum</em>, pero también autor de las mejores secuelas de la serie de Dracula para <strong>Hammer</strong> o del último y brillantísimo coletazo de la saga Quatermass con <em>Qué Sucedió Entonces</em>. Lo que la crítica seria siempre ha llamado, con cierto desprecio marisabidillo &#8220;un artesano&#8221;, pero que a mí siempre me ha parecido un <em>auteur</em> por tres rasgos que convierten a cualquier directorzuelo en creador de categoría: humor negro, nihilismo fundamentado y conocimiento de los engranajes de la narrativa de baja estofa, llámenlo pulp, serie B o cine de géneros.</p>
	<p>Bien es cierto que en <em>Asylum</em>, <strong>Roy Ward Baker </strong>contó con la nada desdeñable asistencia de <strong>Robert Bloch</strong>, autor de <em>Psicosis</em> y a esas alturas experimentado guionista de deliciosos subproductos como <em>The Night Walke</em>r para <strong>William Castle</strong> y la televisiva <em>Thriller</em>, con <strong>Boris Karloff</strong>. Aquí adaptó cuatro cuentos propios, y su estilo seco, macabro hasta extremos abstractos, amigo de la ironía del destino entendida como putadón cósmico, encaja perfectamente con el estilo de <strong>Roy Ward Baker</strong>. El resultado, <em>Asylum</em>, es una rareza incluso dentro de la propia producción de la <strong>Amicus</strong>, que permite que el film se acoja a la ya desgastada mecánica de la narración episódica para que <strong>Bloch</strong> y <strong>Baker</strong> la perviertan desde dentro.</p>
	<p>En <em>Asylum</em>, un joven doctor llega a un manicomio de enfermos incurables buscando trabajo. El director del centro (o, más bien, su sustituto), le propone una prueba: el antiguo responsable del lugar no ha podido soportar la presión y ha enloquecido, inventándose un pasado y cayendo en los abismos de la neurosis. Conseguirá el trabajo tras escuchar las historias de todos los pacientes y decidir quién era el antiguo director. Una excusa para encadenar cuatro cuentos, el último de ellos, cómo no, implicando al oyente, que van desde el terror clásico de espíritus vengativos al retrato de una esquizofrenia psicópata. Los logros no están tanto en los qués como en los cómos. En cómo un cuerpo partido en cachos puede reunir suficiente fuerza de voluntad como para tramar una venganza, o cómo la creación un homúnculo, en este mundo de locos, lleva incluídos minúsculos órganos internos y una diminuta estructura ósea independiente. El citado episodio <em>The Weird Tailor</em> es, sin embargo, toda una avalancha de sugerentes influencias del género de horror, casi una declaración de principios del versátil<strong> Bloch</strong>. Con un tono general que podría pertenecer a cualquier episodio de la facción siniestra de <em>Alfred Hitchcock Presenta</em>, <em>The Weird Tailor</em> mezcla, con suntuoso placer, horror cósmico muy sintético (no olvidemos que <strong>Bloch</strong> pertenecía al <strong>Círculo</strong>) y miedo de raíz mediterránea. <strong>Peter Cushing</strong> es el eje perfecto de una historia que da más miedo cuanto menos se entiende.</p>
	<p>Faltando a los principios morales y temáticos propios de la <strong>Amicus</strong>, <em>Asylu</em>m se convierte así en una deliciosa rareza. Carente de moralejas, desafiando las leyes narrativas que se suponía grabadas en fuego para una compañía especializada en terror de bajo presupuesto que, para más inri, siempre ha cargado con el sambenito de mera copiona de La Otra, La Grande, <em>Asylum</em> se revela, gracias al genio de sus dos autores principales, como algo más que un simple divertimento: es la satisfactoria constatación de que las razones por las que en el terror está bien visto saltarse las reglas son extremadamente obvias.</p>
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		<title>MIL PELICULAS DE TERROR (5/1000): Psicosis II</title>
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		<comments>http://www.focoblog.com/2007/04/11/mil-peliculas-de-terror-51000-psicosis-ii/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 11 Apr 2007 15:05:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>John Tones</dc:creator>
				<category><![CDATA[Focoblog - The Masterworks]]></category>
		<category><![CDATA[Mil Películas de Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[	Psicosis II es mi secuela insensata predilecta. Primero, porque ser perfectamente consciente de que es un proyecto condenado desde su primer fotograma, como cualquier intento de reformular el clásico indiscutible por razones no siempre del todo correctas de Alfred Hitchcock. Ese abierto enfoque de agachar las orejas, preparar el pescuezo y cerrar los ojitos, ya [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><strong><img align="right" alt="psycho2.jpg" id="image754" src="http://www.focoblog.com/wp-content/uploads/psycho2.jpg" />Psicosis II</strong> es mi secuela insensata predilecta. Primero, porque ser perfectamente consciente de que es un proyecto condenado desde su primer fotograma, como cualquier intento de reformular el <em>clásico indiscutible por razones no siempre del todo correctas</em> de <strong>Alfred Hitchcock</strong>. Ese abierto enfoque de agachar las orejas, preparar el pescuezo y cerrar los ojitos, ya algo enlagrimados, esperando collejas de crítica, público y herederos oficiosos del director de la <strong>Psicosis</strong> original puede conmigo. Ya no es solo la ternura del perrito cojo que da volteretas intentando caer simpático. <strong>Psicosis II</strong> es el momento en el que el perrito aprende a dar cuádruples tirabuzones sujetando una piruleta con el culo.</p>
	<p><strong>Psicosis II</strong> arranca con la repetición íntegra de la secuencia de la ducha de <strong>Psicosis</strong>. ¿Se puede tener más descaro? Pero es un descaro inocente, de niño pequeño <em>copycateando</em> sin malicia. Pocas veces ha habido tanto contraste entre las intenciones claramente pecuniarias de un proyecto y sus angelicales resultados. <strong>Psicosis II</strong> busca la sorpresa, el impacto directo, el <em>twist </em>argumental imprevisto, pero tiene como punto de partida el secreto peor guardado de la historia del cine de terror: la madre de Norman está muerta. ¿Cómo supera ese escollo? Reseteando la memoria del espectador: el evangelio según <strong>Hitchcock</strong> se respeta, pero a partir de ahí se reformula. Es sencillo desde el mismo punto de partida: Norman sale del manicomio, y los crímenes de la primera parte comienzan a repetirse.</p>
	<p>¿Está Norman loco? ¿Existe Norma Bates? ¿Existió Norma Bates? ¿Estuvo Norman loco? ¿Hay algún otro loco en la trama? ¿Hay alguna otra Norma Bates?</p>
	<p>No me digan que no se les hace la boca agua&#8230;</p>
	<p>En su indecente rastreo de las claves que dieron la fama al original, <strong>Psicosis II</strong> imita los resortes narrativos de <strong>Psicosis</strong>. A veces es asombrosamente sutil en su búsqueda del escalofrío, como la primera visión que tiene Norman de la ventana de la habitación de su madre, con alguien que claramente está allí, observándole. Sin subrayados de montaje ni primeros planos. Planificación clásica, que gusta decir a algunos. O cuando duda brevemente acerca de darle la llave de la habitación número uno a Mary (increíblemente bella <strong>Meg Tilly</strong>), igual que hizo con Marion, pero dotando de una lectura actualizada a un gesto idéntico, y por una razón muy elemental: el espectador sabe qué pasa en la habitación número uno, qué pasó en la ducha y qué puede pasar si Norman no está tan cuerdo como aparenta. Es decir, la imagen reformulada a partir de la percepción del espectador y lo que éste sabe.</p>
	<p>Puro <strong>Hitchcock</strong>.</p>
	<p>Y por otro lado, la película se regodea continuamente en profanación del recuerdo de los espectadores: desde la textura terrestre, insultantemente realista de la fotografía en color, a numerosas, simbólicas y perfectas revisiones de los iconos más clásicos de la primera entrega, pasando por la bellísima y breve secuencia de la exhumación de la madre de Norman, en la que podemos contemplarla en todo su putrefacto esplendor. Más tropiezos con el respeto a los clásicos: la irrupción en la habitación de Norma, desvencijada y con los muebles cubiertos de sábanas. Una incómoda revisión que sirve para preparar luego un impacto mucho mayor: el reencuentro de Norman con la habitación perfectamente ordenada, con los muebles bien colocados, tal y como la usaba su madre. Una mecánica similar sigue la inevitable secuencia de la ducha de Mary, que arranca de forma idéntica a la del clásico blanquinegro, y que lanza numerosas e inquietantes incógnitas al espectador acerca de su memoria y sus códigos de comportamiento. A partir de ahí, todo es un juego de inteligente desvirtuación de nuestras ideas preconcebidas y su influencia en los recuerdos.</p>
	<p><strong>Psicosis II </strong>es una orgía de planos cambiados de sitio, de espejos reflejados en espejos: la secuela repite planos del original, pero redibujándolos. Mimetiza ideas, pero antes las recita de memoria. La muerte de Lila replica el plano del grito de su hermana Marion en el original, pero sucede en el sótano donde concluye <strong>Psicosis</strong>, asesinada por alguien con el vestido de Norma Bates, mientras desentierra un disfraz de la madre muerta. Tirabuzón conceptual de alta magnitud. Mary muere, disfrazada también de Norma, asesinada por un Norman completamente enloquecido, mientras intenta apuñalarlo sin éxito e intenta convencerle de que ella, a pesar del disfraz, no es su madre. Es como si todas las pulsiones, las neurosis de <strong>Hitchcock</strong> se hubieran hecho carne: un cuadro sinóptico vociferado por personas disfrazadas de símbolos. La conclusión es un espejo roto en el que se refleja la primera <strong>Psicosis</strong>: la asesina muere acribillada a tiros por la policía después de intentar acuchillar a Norman. La puntilla final es especialmente perversa, y gozosamente divertida para el fan sin prejuicios de la primera entrega: el sheriff cuenta la teoría psicoanalítica que justifica los asesinatos, tan ridícula como la de la primera parte, solo que esta vez el espectador sabe que es completamente errónea.</p>
	<p>Busquen otra secuela de un megaclásico que se atreva a manipular la percepción del espectador con tanta desvergüenza. Yo, si no les importa, voy haciendo otras cosas mientras la encuentran. Porque les va a costar.</p>
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		<title>MIL PELICULAS DE TERROR (4/1000): Scare Their Pants Off!</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Nov 2006 10:43:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>John Tones</dc:creator>
				<category><![CDATA[DVD]]></category>
		<category><![CDATA[Focoblog - The Masterworks]]></category>
		<category><![CDATA[Mil Películas de Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[	No se me ocurre una manera más idónea de desearles un Feliz Día de Todos Los Santos que recomendándoles una película tan pocha, melancólica e involuntariamente macabra como Scare Their Pants Off, quizás el trozo de celuloide más desconcertante que he visto en meses. Pongo a Hefner en el equipo de música para que el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">No se me ocurre una manera más idónea de desearles un Feliz Día de Todos Los Santos que recomendándoles una película tan pocha, melancólica e involuntariamente macabra como <em>Scare Their Pants Off</em>, quizás el trozo de celuloide más desconcertante que he visto en meses. Pongo a <strong>Hefner</strong> en el equipo de música para que el ambiente se enrarezca adecuadamente (post-folk británico, mis cojones: es el grupo que más y mejor ha cantado a la deficiencia emocional pura; muy adecuada banda sonora para <em>Scare&#8230;</em>, si no en lo melódico, sí desde luego en lo espiritual), y les cuento.</span></p>
	<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD"> </span></p>
	<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD"><em>Scare Their Pants Off</em> es exploit puro, tan puro que se desvirtúa a sí mismo, como veremos: el sustantivo que mejor calza con sus inusitadas características es el de <em>parapelícula</em>, término inventado en la segunda mitad de los noventa para definir tanto a films experimentales como a los que se producen y distribuyen fuera de los márgenes de la industria mayoritaria. Perfectas ambas. Verán: <em>Scare Their Pants Off</em> cuenta cómo dos jóvenes utilizan elaborados montajes y parafernalias pseudoteatrales para raptar mujeres, inmovilizarlas en decorados estrafalarios y abusar de ellas, normalmente con su consentimiento, a través de churriguerescos argumentos y palabrería que colocan la actividad de los dos sujetos en un inquietante punto ciego entre la violación y la <em>performance</em>. La primera se acuesta, por lástima, con un trasunto rijoso del hermano tonto de Erik. La segunda acepta ser parte de un lúbrico ritual sexual de raíces mayas. La tercera es, directamente, torturada y forzada con su consentimiento (a ratos) en una sala de interrogatorio nazi. Las tres son sedadas y enviadas en un ferry fuera de la ciudad mientras los dos pillastres se plantean cómo volver a empezar una nueva ristra de lúbricos <em>practical jokes</em>.</span></p>
	<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD"> </span></p>
	<p class="MsoNormal"><em>Scare Their Pants Off</em> plantea una inequívoca y voluntaria, pero a la vez inocente y parcialmente accidental disquisición sobre los límites entre realidad y fantasía, atreviéndose a señalar en su absoluta falta de prejuicios al espectador como el tercer pervertido del equipo: <em>Scare Their Pants Off</em> grita &#8220;¡mirón pervertido!&#8221; al cliente de las <em>grindhouses</em> con su retahila de torturas medio consentidas, agujeros para espiar practicados en austeros escenarios, mujeres en ropa interior debatiéndose dentro de la pegajosa neblina de algún somnífero o la colección de fetichismos de calendario barato (el nazi, la chica y el monstruo, la damisela en peligro, el folletín gótico rastrero, y varias decenas más). Vaya cosa, pueden decir ustedes. Como cualquier película de terror de bajo presupuesto. Bueno, sí, en parte. Pero <em>Scare Their Pants Off</em> se dinamita desde dentro sin ella misma ser demasiado consciente (no me creo que tan complejo juego de espejismos sea premeditado): su punto de partida es muy similar al de esa obra maestra acerca del origen del miedo que es <em>The Tingler</em>. Dos hombres, trasuntos en un o de ellos disfrazado de monstruo deforme, tienen que asustar a las mujeres para excitarse. Intrigante, ¿verdad? No se vuelve a ver en la película semejante propuesta conceptual, pero se le da vueltas a esa misma idea durante sesenta y pocos minutos enrarecidos y pastosos: vestidos de nazis o de sacerdotes mayas, los dos protagonistas asustan, asustan y asustan a las mujeres para obtener de ellas sexo o simplemente, algo de temor que les siga recordando quién es el sexo débil. Aunque, insisto, para ello tengan que ponerse un disfraz de monstruo, conexión con nuestro género favorito a la que yo no le dejo de dar vueltas.</p>
	<p class="MsoNormal">
	<p class="MsoNormal">Y es una conexión que no se restringe a la temática de géneros: la escena inicial, la del monstruo deforme, muestra a una joven en una habitación prácticamente vacía, de dimensiones inapreciables, paredes completamente negras, acompañada de una banda sonora que es pura cacofonía y una iluminación tan contrastada por culpa del bajo presupuesto que dota de cierto valor expresionista a la secuencia. Las paredes, nos intentan hacer creer, son las de una celda, una habitación herméticamente cerrada, pero en realidad son cortinas opacas. La misma suspensión de credulidad que hay en una obra de teatro, con sus decorados de cartón y sus entrares y salires por puertas inexistentes. El teatrillo lo es para todos: uno pequeño para la víctima, otro grande, y recibido con gusto, para el niño excitable y tembloroso que es el espectador de la película. En su torpeza, el director <strong>John Maddox</strong> intenta crear con presupuesto infame una situaión inquietante al abrigo de los tópicos (la oscuridad, el misterio, lo desconocido), pero lo consigue evocando sensaciones igualmente aterradoras (la violencia implícita, la miseria material y moral, la locura injustificada). <strong>Maddox</strong> desasosiega a golpe de ineptitud, pero desasosiega. <span lang="ES-TRAD">¿Es un fracaso entonces <em>Scare Their Pants Off</em>? No: como cualquier buena producción de presupuesto cero que permanece alojada para siempre en alguna zona de nuestro subconsciente para resurgir con gran aparato sonoro en los momentos más inesperados o engorrosos del futuro, <em>Scare Their Pants Off</em> es, en realidad, un triunfo inesperado.</span></p>
	<p class="MsoNormal">
	<div style="text-align: center"><img id="image622" alt="scare.jpg" src="http://www.focoblog.com/wp-content/uploads/scare.jpg" /></div>
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		<title>MIL PELICULAS DE TERROR (3/1000): Hideous!</title>
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		<pubDate>Wed, 10 May 2006 16:21:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>John Tones</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Focoblog - The Masterworks]]></category>
		<category><![CDATA[Mil Películas de Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[	Las películas de la Full Moon y yo tenemos un pacto no escrito que, desde hace unos quince años, ninguno de los dos se ha atrevido a romper:  yo veo todas las que puedo y, en la medida de mis posibilidades, me compro la mayor cantidad posible de copias originales para que Charles Band [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img vspace="1" hspace="2" align="right" src="http://focopress.focoblog.com/news/data/upimages/hideous.jpg" />Las películas de la <strong>Full Moon</strong> y yo tenemos un pacto no escrito que, desde hace unos quince años, ninguno de los dos se ha atrevido a romper:  yo veo todas las que puedo y, en la medida de mis posibilidades, me compro la mayor cantidad posible de copias originales para que <strong>Charles Band</strong> pueda poner un plato de lentejas caliente cada día a su familia. Ellas, a cambio, no me vienen con monsergas. Me prometen muñecos asesinos, castillos rumanos e interpretaciones dislocadas, y me proporcionan exactamente eso. En estos tiempos en los que el cine de bajo presupuesto supone una corriente cultural aún más incomprendida que hace diez años (y no, la proliferación de blogs hablando de películas <em>&#8220;tan malas que son buenas&#8221;</em> no ayuda, más bien al contrario, gracias), cuando me zampaba una película de la <strong>Full Moon</strong> cada dos semanas, considero esa actitud y ese respeto por nuestro pacto todo un <em>must</em>. Y atiendan, un <em>must</em> inusualmente valioso, por su honestidad y por su efectividad.</p>
	<p>Veamos, por ejemplo, en <strong>Criaturas</strong> (mucho mejor el título original, ese sensacionalista, casi de cartel de feria de monstruos <strong>Hideous!</strong>), una de las múltiples pseudoexplotaciones del éxito de las películas de muñecos asesinos de <strong>Band</strong>, pero en con un rizo del rizo de lo imposible en una maniobra metagenérica tan insensata como valiente: los muñecos de látex de articulaciones limitadísimas marca de la casa, que en las entregas de <strong>Puppetmaster</strong> o <strong>Demonic Toys</strong> eran juguetes, con lo que se entendía la rigidez de sus movimientos e inexpresividad de sus gestos, vuelven a ser, como en la fundacional <strong>Ghoulies</strong>, monstruos diminutos. Seres vivos. ¿Se acuerdan de la citada <strong>Ghoulies</strong>, en los que nunca veíamos a los monstruos de cuerpo entero para que el truco (el flagrante truco: eran rudimentarias marionetas) no se notara demasiado? Pues volvemos a esos tiempos, a esos monstruos, y ahora que cualquier sinsal se hace para su cortito de ultragore una catarata de sangre virtual en casita con el <strong>Mac</strong> (cuánto bien hizo <strong>Blade</strong>, y cuánto mal hizo también -y no estoy pensando en su tercera parte, precisamente-), la presencia de monstruos tangibles, retacos mutantes bañados en gelatina, de ojos inexpresivos y brillantes como canicas, coronados por ridícula pelusilla viscosa, vale doble puntuación.</p>
	<p><strong>Criaturas</strong> arranca como un disparate fulllmonista en toda regla, y no voy a desgranarles a traición sus sorpresas, pero cuenten con coleccionistas de monstruosidades de apariencia fetal y origen desconocido, con una conversación introductoria que no desentonaría en un resumen de tres páginas de <strong>Apocalipse Culture</strong> para el <strong>Reader&#8217;s Digest</strong>, con un castillo en Centroeuropa, y sí, los rumores son ciertos, con un atraco a mano armada en un descampado lleno de nieve, a cargo de una mujer altísima y en tetas enfundada en una máscara de gorila. Yo no sé si todo esto les suena bien a ustedes, a mí me parece música celestial, pero no pierdan el norte: la pequeña grandeza de <strong>Criaturas</strong> no viene de lo continuamente excéntrico de su argumento, sino de lo conscientísimo de su sentido del humor, impropio de una serie sub-B directa al vídeo. <strong>Criaturas</strong>, miren, sabe que es divertida. Raro, ¿eh? No intenta convencer a gritos de que <em>es rara</em>, ni juega a <em>ir de superbizarra</em>, sino que tiene la extraña -insólita en el cine de bajo presupuesto- confianza en que sus propias, modestas y rotundas virtudes son <em>reales</em>, y no es imprescindible confiar en la complicidad del espectador &#65533;por no hablar de la condescendencia, como sucede en el noventa y siete por ciento de los productos <strong>Troma</strong>-, para que el chiste funcione, el argumento progrese y los personajes nos importen un mínimo. Damas y caballeros, una película de terror de tercera categoría que cree en sí misma.</p>
	<p>Posiblemente, esta fe proceda del estupendo reparto, algunos más curtidos que otros en estas lides (uno de los coleccionistas de monstruosidades, <strong>Napoleon Lazar</strong>, está interpretado por <strong>Mel Johnson Jr.</strong>, a quien quizás recuerden como el mutante traidor de <strong>Desafío Total</strong> que tenía una familia que alimentar), pero todos ciertamente centrados en mostrar un extraño equilibrio entre el disparate y la absoluta impasividad (por postura vital, no por incapacidad interpretativa) ante los extraordinarios fenómenos que desfilan ante sus ojos. La típica secuencia en la que un monstruo de goma se frota lúbricamente contra las redondeces de una actriz de reparto que se hace la dormida y que gime cálidamente (en este caso, la escena rebosa un extraño erotismo, ya que la criatura parece un preservativo relleno de morcilla de Burgos) está filmada e interpretada con una entrega y una despreocupación como no veía en mi televisión desde hace lustros. Me funcionó.  Y eso fue lo que me dejó completamente fuera de juego. El mejor ejemplo de que en <strong>Hideous!</strong>, por una vez, los actores no son escoria que estorba, está en una de las mejores líneas de diálogo de la película: en la mentada secuencia del atraco a mano armada en porretas, <strong>Napoleon</strong> le dice a la bella <strong>Sheila</strong> <em>&#8220;¿qué hace andando de esa manera, sin nada en la parte de arriba?&#8221;</em>, a lo que ella responde, convencida y sexymente, <em>&#8220;¡¡¡soy libre, soy orgullosa, soy mujer!!!&#8221;</em>. Recitado implecablemente.</p>
	<p>Las criaturas nominales son <strong>Full Moon</strong> al ciento por ciento, y eso implica un estilo visual rudimentario, ridículo e inexpresivo que me vuelve loco. Los planos impúdicos y sostenidos en los que se adivina todo el endeble andamiaje técnico que sustenta los movimientos de los seres deformes son agresivamente despreocupados, y la decisión de dotar de cierta ambigua personalidad a los monstruos es muy acertada. Alejándolos del rol de psicópatas de látex de las otras películas de monstruos minúsculos de <strong>Band</strong>, el director nos regala secuencias como la resurrección de los hideous, tan sólo tras veinte precipitados minutos de metraje a sus espaldas, en la que salen boqueando, legañosos y quejumbrosos, de unos botes de formol. La portentosa inexpresividad de los muñecos quintuplica la asfixiante atmósfera de la secuencia. O cuando las criaturas leen libros antiguos a la luz de las velas, aprendiendo y comentando la sabiduría ancestral que ahí reposa. O las interacciones con los humanos, que incluye un duelo a punta de pistola (¡monstruos pistoleros!) y conversaciones en las que uno de los coleccionistas brama <em>&#8220;¡Te respeto!&#8221;</em> al más cerebral de los chiquimonstruos. Como si <strong>Charles Band</strong>, que llevaba cuatro años sin dirigir (¡autor, autor!), hubiera decidido que el papel con el que más se identifica no es con el de horrorizados testigos ni el de imprevistas víctimas, sino con el de los coleccionistas de rarezas. Los que sueñan con mundos en los que fetos de mentira conquistarán el universo después de ser revividos en castillos llenos de trampas, trampillas, sótanos húmedos y cero secretos por descubrir.</p>
	<p><strong><a href="http://www.focomelos.com/focoblog/buscar.php?misc=search&#038;subaction=showfull&#038;id=1130341869&#038;archive=11569392351130933579&#038;cnshow=news&#038;ucat=10&#038;start_from=&#038;">MIL PELICULAS DE TERROR (1/1000): <em>Carnival of Souls</em></a></strong></p>
	<p><strong> MIL PELICULAS DE TERROR (1/1000): <em> Nueva York bajo el terror de los zombies</em></strong></p>
	<p><a href="http://v1.focoblog.com/index.php?subaction=showfull&#038;id=1147278082&#038;archive=1156939235"><strong>Lee los comentarios en el antiguo FocoBLOG</strong></a></p>
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		<title>MIL PELICULAS DE TERROR (2/1000): Nueva York Bajo el Terror de los Zombies</title>
		<link>http://www.focoblog.com/2006/03/13/mil-peliculas-de-terror-21000-nueva-york-bajo-el-terror-de-los-zombies/</link>
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		<pubDate>Mon, 13 Mar 2006 12:29:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>John Tones</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Focoblog - The Masterworks]]></category>
		<category><![CDATA[Mil Películas de Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[	1.- En el segundo número de su etapa como guionista de la colección regular de Lobezno, Mark Millar se volvía a ganar a pulso su fama como generador sin igual de instantes de impacto. Aunque más de uno tiene grabada a fuego aquella frase del Capitán América en Ultimates que bramaba &#8220;¿Acaso crees que esta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p>1.- En el segundo número de su etapa como guionista de la colección regular de <strong>Lobezno</strong>, <strong>Mark Millar</strong> se volvía a ganar a pulso su fama como generador sin igual de instantes de impacto. Aunque más de uno tiene grabada a fuego aquella frase del <strong>Capitán América</strong> en <strong>Ultimates</strong> que bramaba <em>&#8220;¿Acaso crees que esta &#8220;A&#8221; quiere decir Francia?&#8221;</em> que tanta polémica levantó entre ese sector de la crítica que confunde tan fácilmente continente y contenido, yo quedé completamente obnubilado (literalmente: no podía pasar de página) por la imagen de <strong>Lobezno</strong> liquidando a zarpazos a un feroz tiburón. <strong>Millar</strong> no es tonto, y sabe que enfrentar al héroe más feroz del <strong>Universo Marvel</strong> con el animal más salvaje del reino animal proporciona no solo una imagen icónica y una permanente trempera entre fanboys, sino un billete garantizado al subconsciente del lector, donde la imagen encuentra acomodo por los siglos de los siglos. <strong>Millar</strong> sabe dónde inspirarse, y que el camino más corto hacia la inmortalidad es el de la abstracción: en esta página, y con la colaboración imprescindible de <strong>John Romita Jr.,</strong> transforma un encuentro casi casual de su protagonista con un obstáculo propio del medio submarino en el que se mueve en un canto de amor al poder del arquetipo que ya querrían para sí otras vertientes más serias y europeas del medio.</p>
	<div align="center"><img src="http://focoblog.com/news/data/upimages/lobezno.jpg" /></div>
	<p>2.- La imagen de <strong>Lobezno</strong> batiéndose cuerpazo a cuerpazo con un escualo remite, sin duda, a la disparatada secuencia de combate submarino entre un zombi y un tiburón en las supuestas inmediaciones de una isla caribeña que <strong>Lucio Fulci</strong> rodó para <strong>Nueva York Bajo el Terror de los Zombies</strong>. El referente no es gratuíto: si <strong>Millar</strong> a menudo usa iconos completamente consagrados para llevar a cabo una delicada destrucción de sus características más reconocibles (en ese sentido, la demoledora labor que está llevando a cabo en <strong>Marvel Knights: Spiderman</strong> es impresionante), <strong>Fulci</strong> escogió un monstruo muy de moda a los setenta para poner en práctica una búsqueda sistemática del terror puro. El zombi, en efecto, es el monstruo fulciano por excelencia: sin meta, sin objetivo, con el alma vacía y cero propósitos más allá de la prolongación indefinida de su no-existencia a través del consumo destructivo de quienes no son como él, y de la multiplicación de sí mismo económicamente óptima (-1 vivo = +1 muerto sin necesidad de invertir en nuevos cuerpos). El zombi no tiene planes ni futuro: la supervivencia es una cuestión meramente accidental, porque no está vivo. Por eso es horror puro, y por eso le gusta tanto a <strong>Fulci</strong>.</p>
	<p>Ese mismo <strong>Lucio Fulci</strong> que poseía uno de los estilos fílmicos más transgresores de la historia del cine, basado en la negación a través del subrayado. Cada secuencia de gore extremo de sus películas se reafirma, y a la vez se anula, con un un zoom que conduce a un primerísimo primer plano de cuerpos maltrechos, grotescas mutilaciones, violaciones de la carne o actos contranatura. Estos zooms, típicos del cine de terror europeo de la época, pero nunca empleados de forma tan visualmente dañina como lo hizo <strong>Fulci</strong>, en su intención de impactar son tan agresivos que a veces conducen a la pérdida de foco y nitidez de la imagen, lo que refuerza la peculiar condición de delirio ensoñado que tienen algunas de estas imágenes. Un muñón supurante mostrado con detalle endoscópico deja de ser un muñón supurante para convertirse, gracias al correspondiente contraplano de un testigo asqueado, en horror puro, desprovisto de todo tipo de naturalismo. En realidad, y a pesar de sus ambiciones claramente comericiales, <strong>Fulci</strong> hace una apuesta mucho más arriesgada que la de figuras del splatter posmoderno como, por ejemplo, <strong>Peter Jackson</strong> en <strong>Braindead</strong>. Mientras <strong>Jackson</strong> muestra que un género (el gore) en realidad esconde las bases de otro (la comedia visual), <strong>Fulci</strong> nos enseña que tras el género que lo enseña todo no hay nada. Nada absoluta. Que ya es algo.</p>
	<div align="center"><img src="http://focoblog.com/news/data/upimages/zombi.jpg" /></div>
	<p>3.- Creo que <strong>Fulci</strong>, como <strong>Millar</strong> en nuestros días, sabía muy bien lo que estaba haciendo. Los espectadores del cine de <strong>Fulci</strong> aún no dejamos de darle vueltas al controvertido tema de la inconsciencia de su cine, la tan discutida cuestión de si los extravagantes resultados de sus películas son resultado de una afortunada ineptitud o de un profundo análisis de los resortes narrativos del género. Yo no soy muy amigo de las casualidades, y si bien las inconsistencias formales del cine de <strong>Fulci</strong> son mucho más pronunciadas en esa obra maestra de la insensatez que es <strong>El Más Allá</strong>, <strong>Fulci</strong> se permite, en tres ocasiones a lo largo del metraje de <strong>Nueva York Bajo el Terror de los Zombies</strong>, dejarnos bien claro que ortodoxo, bueno. Pase. Pero de tonto, ni un pelo.</p>
	<p>Primero, abriendo la película con el primer plano del cañón de una pistola que apunta ominosamente al espectador. Mantiene el plano lo justo para que nos de tiempo de revolvernos un par de veces en el asiento, y nos atiza un contraplano de un cuerpo enmortajado, al que no llegaremos a ver la cara, incorporándose en una cama. La pistola dispara su proyectil, y agujerea la mortaja, que escupe, como única respuesta, fragmentos de craneo, cabello y masa encefálica. Confíen en las casualidades si eso les hace sentirse más tranquilos acerca de la Justicia Infinita y el Orden del Universo, pero comenzar una película volándole la tapa de los sesos al espectador no es lo que se dice ir sobre seguro. Ni por casualidad.</p>
	<p>Segundo, ofreciendo el plano de violación ocular más ostentoso y desagradable de la historia del cine, glorioso heredero de la imagen más icónica de <strong>Un Perro Andaluz</strong>, y sirviendo de bello preámbulo inmediato de las abundantes reflexiones que el cine de terror de los ochenta, con <strong>Dario Argento</strong> y <strong>Brian De Palma</strong> a la cabeza, nos ofrecerían sobre los peligros de la mirada (el propio <strong>Fulci</strong> lo haría por partida triple en <strong>El Más Allá,</strong>, lo cuenta <strong><a href="http://absencito.blogspot.com/2006/03/autopistas-al-mal-rollo.html">Absence</a></strong>). Buen heredero, pues, de la imagen sin sentido pero llena de significado parida por <strong>Buñuel</strong> y protagonizada por una pupila, una navaja y un satélite, y perfecto anticipador de ese <strong>Argento</strong> que colocó agujas puntiagudas frente a los ojos de <strong>Cristina Marsillach</strong> para que, como el propio espectador, no tuviera más remedio que asistir a los cruentos asesinatos de <strong>Terror en la Ópera</strong>, <strong>Fulci</strong> convierte el ojo de <strong>Mrs. Menard</strong>, masacrado por una astilla de madera, en una valiente metáfora de la experiencia traumática que atraviesa cualquier asistente medianamente sensible a su cine atroz.</p>
	<p>Tercero, lanzando a los protagonistas hacia el esperable recinto cerrado donde serán asediados por hordas de muertos vivientes. El recinto es una capilla, donde se están llevando a cabo experimentos maquiavélicos con muertos. Donde <strong><a href="http://satanasito.blogspot.com/2006/03/consideraciones-lovecraftianas-en.html">Satanasito</a></strong> ve una inversión lovecraftniana de los símbolos tradicionales de Bien y Mal, con la que se convierte un lugar sagrado en zona impía, yo veo algo narrativamente más arriesgado: al hacer de la iglesia abandonada la parte más peligrosa de toda la isla, zona a la que además los protagonistas se acercan confiados con un sentencioso <em>&#8220;Una iglesia, allí estaremos a salvo&#8221;</em>, <strong>Fulci</strong> no está quebrantando leyes morales, sino unas mucho más complicadas de esquivar en el arbitrario mundo de las películas: las leyes de los géneros. En efecto, si en una película de terror no se puede confiar en el poder protector de un lugar sagrado&#8230; ¿qué queda? Fulci está rubricando una secuela apócrifa de una película de éxito, empleando a un monstruo cuyo comportamiento y origen se da por supuesto y sabido, acaba de mostrar a un grupo de zombis saliendo ominosamente del suelo de un cementerio, está siguiendo las reglas que todos conocemos, y súbitamente&#8230; nada. No hay refugio ni protección. La iglesia es la proverbial guatepeor. Es que es muy fácil dárselas de iconoclasta cuando se cuenta con el apoyo de la tradición.</p>
	<p>Pero inténtenlo con los pies colgando en el abismo. Y entonces hablamos.</p>
	<p><strong>Hoy hace diez años que murió Lucio Fulci. En <a href="http://www.bizacoras.net/">Bizácoras</a></strong> se le rinde cumplido y justo homenaje.</p>
	<div style="text-align: center"><img src="http://focoblog.com/news/data/upimages/fulcivive.gif" /></div>
	<p><strong /><strong>Y además: <a href="http://www.focomelos.com/focoblog/buscar.php?misc=search&#038;subaction=showfull&#038;id=1130341869&#038;archive=11569392351130933579&#038;cnshow=news&#038;ucat=10&#038;start_from=&#038;"> MIL PELICULAS DE TERROR (1/1000): <em>Carnival of Souls</em></a></strong></p>
	<p><strong> <a href="http://v1.focoblog.com/index.php?subaction=showfull&#038;id=1142252951&#038;archive=1156939235"><strong>Lee los comentarios en el antiguo FocoBLOG</br></strong></a> </strong></p>
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		<title>MIL PELICULAS DE TERROR (1/1000): Carnival of Souls</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2005 15:51:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>John Tones</dc:creator>
				<category><![CDATA[Focoblog - The Masterworks]]></category>
		<category><![CDATA[Mil Películas de Terror]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[	<p><img src="news/data/upimages/carnivalofsouls.jpg" align="right" hspace="2" vspace="1">Les parecerá una tontería profunda, pero a estas alturas de una vida entregada al fanatismo impulsivo y compulsivo hacia el cine de terror y serie B (&#8220;b&#8221; de bastarda, o de lo que quieran), aún no había visto <b>Carnival of Souls</b>. Se trata de una peliculilla de setenta y pico minutos escasos dirigida por <b>Herk Harvey</b> (su única obra de ficción después de una vida entregada al cortometrajismo educacio/institucio/hiperracional, con más de cuatrocientas entradas en el profuso género) y rodada en tres semanas, con un presupuesto de 30.000 dólares escasos (aunque algunas fuentes rebajan esa cantidad a unos minúsculos 18.000). Se estrenó en 1962 y obtuvo repercusión cero: su consideración actual de película de culto llegó, como pasó con tanta otras de su especie, en los ochenta, con la popularización en Estados Unidos de la televisión por cable y la transformación en adultos alucinados (<b>Joe Dante</b>, <b>John Landis</b> y <b>Robert Zemeckis</b> son los tres titanes en este sentido) de aquellos que habían disfrutado de estos productos cuando eran críos. Que condujeron a su vez a muchos críos (presente) a que perdiéramos la chaveta por culpa del reciclaje cerebral que estos adultos llevaron a cabo en sus creaciones, influídos por&#8230;</p>
	<p>¡Dispersión, dispersión!</p>
	<p><b>Carnival Of Souls</b> no es otro ejemplo de cine-tan-malo-que-es-bueno y que veo que se disfruta demasiado a menudo con los objetivos adecuados pero con la actitud errada. Pertenece a esa hornada de películas, pero el absoluto aislamiento por el que discurrió su producción y las carreras de sus artífices (añadan a la truncada carrera de <b>Harvey</b> la de la protagonista, <b>Candace Hilligoss</b>, debutante que sólo llegó a participar en algunos anuncios y en otra película, la aún más ignota <b>The Curse of the Living Corpse</b>, de título con inconsciente pareado horrorífico). De hecho, <b>Carnival of Souls</b> es quizás, una de las película que más contundentemente vuelve a su favor la carencia total de presupuesto, medios y experiencia. En vez de subrayar estas características por la vía de lo grotesco (como hace, por ejemplo, la <b>Troma</b>), o de esquivar con más o menos salero deteminadas opciones argumentales (como <b>La Noche de los Muertos Vivientes</b>, quizás la heredera espiritual más clara de <b>Carnival of Souls</b>), la peliculilla de <b>Harvey</b> se tira en plancha a la exhibición del infrapresupuesto, presumiendo de sus carencias como si fueran ventajas. Simplemente, invierte los términos, y a su vez obliga al espectador a replantearse sus prejuicios acerca de los límites entre austeridad narrativa y ahorro extremo. Escuchen la banda sonora, compuesta exclusivamente de cuatro temblorosas notas de organo de iglesia y entenderán a qué me refiero&#8230; </p>
	<p><b>Carnival of Souls</b> cuenta la historia de un accidente de tráfico al que sólo sobrevive una mujer. Atrapada en el pueblo cercano al puente en el que tuvo lugar el percance, comienza a sufrir terribles visiones en las que un aterrador espíritu la persigue. Pronto se dará cuenta de, cuidado que espoileo, lo que pasa es que está más muerta que otra cosa, atrapada en una especie de purgatorio del Medio Oeste, y que no tardará en unirse al resto de las almas torturadas que se reunen en un parque de atracciones cercano. He avisado de que espoileaba, pero en realidad es una cuestión que queda clara a los diez minutos de película, sobre todo por la puesta en escena fantasmagórica de <b>Harvey</b> y la bella interpretación medio sonámbula que ofrece <b>Candace Hilligoss</b>. Con los ojos húmedos y ensoñados, los pasos perdidos y la voz reverberada, su condición de espíritu que no acaba de asumir su estado está clara muy pronto, aunque eso no hace perder a la película ni pizca de interés: <b>Candace</b> deambula en un permanente estado de shock muy siilar al de <b>Barbara</b> en <b>La Noche de los Muertos Vivientes</b>, con la diferencia de que éste tiene un componente mágico, carente de terror. El de <b>Barbara</b> será la plasmación física del terror a la enésima potencia; lo de <b>Carnival of Souls</b> es imaginar el Más Allá como un permanecer en la inopia por los siglos de los siglos. </p>
	<p>Lo que hace tan especial a <b>Carnival of Souls</b> es todo aquello que impide a los neófitos acercarse a la serie B sin la máscara distanciadora de la ironía: montaje a hachazos, sonido nunca en directo, diálogos e interpretaciones ensimismadísimos, secuencias que no van a ninguna parte (como los personajes), argumento estirado hasta la extenuación (como esas secuencias, como esos personajes, como la vida misma, oigan, que al fin y al cabo no es más que una sucesión de secuencias estiradas innecesariamente &#65533;si un guionista decente nos organizara la existencia, moriríamos a los quince años&#8230; aunque habríamos vivido mucho más intensamente-). <b>Carnival of Souls</b>, acabáramos, combina con mágica torpeza planos completamente abstractos (el principio: ella saliendo del lago, embarrada y confusa) con otros completamente funcionales, necesarios para que la acción avance de forma insultantemente prosaica (justo después: los lugareños bajando al lago a ayudarla). Es un precedente del cine moderno de zombis &#65533;¡los muertos saliendo del agua!-, un asombroso preámbulo del cine de <b>Polanski</b> &#65533;agárrense: a veces se asemeja a una especie de <b>Repulsión</b> escrita por un <b>Henry James</b> sordomudo- y una perfecta suma máxima de todas las cosas que nos gustan por los motivos diametralmente opuestos a los que deberían. Pero que, visto lo visto y llegado el momento&#8230;</p>
	<p>Si tienen curiosidad, <b>Carnival of Souls</b> ha sido editada, como <b>La nohe de los Muertos Vivientes</b>, en múltiples ocasiones, y casi siempre como el culo, debido a las pantanosas condiciones en la que se encuentran los derechos. Si tienen curiosidad, pueden descargarla, sin cargos de conciencia, <b><a href="http://www.archive.org/details/CarnivalofSouls">aquí</a></b>. Y si les gusta, yo no dudaría ni un momento en hacerme con la edición en DVD de <br /><b><a href="http://www.criterionco.com/asp/release.asp?id=63">Criterion</a></b>, repleta de extras de los que sí merecen la pena.</p>
	<p> <a href="http://v1.focoblog.com/index.php?subaction=showfull&#038;id=1130341869&#038;archive=1156938812"><b>Lee los comentarios en el antiguo FocoBLOG</b></a></p>
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