Entering Emma Crow
En todo este tiempo de hiato focobloguero he escrito algo de ficción, cosa que me proporciona abundantes alegrías. Aparte de encarguillos para una productora y cuyos proyectos cruzo los dedos para que lleguen a buen puerto con mi hermoso culete asentado en el interior de alguno de ellos, Tempus Fugit terminó de pblicarse entera en El Manglar en cuatro entregas, y rápidamente me puse a meditar algún nuevo proyecto en formato tebeo. Lo primero fue una cosilla que está avanzando con David Güell como dibujante, y de lo que espero enseñarles algo en breve. Luego conocí a través del bendito Focoforo a Guillermo Mogorrón, y la verdad es que nos estamos entendiendo bastante bien. Cada quince días, Guillermo ilustra un cuento de terror para adolescentes que escribo en Yuyu, dentro del Pequeño Libro de Notas. Y luego estamos preparando algo más largo juntos y que tiene un título provisional que a mí no me terminaba de entrar, pero que conforme pasa el tiempo me va gustando más.
La señorita que ven arriba es Lady Emma Crow, una misteriosa dama de modales exquisitos y lengua viperina. Nadie sabe mucho del pasado de Emma antes del año 1880, aunque se oyen rumores acerca de que es una prostituta de lujo. Lo que es en realidad es una supermasoquista cuya condición viene dada por un accidente que tuvo siendo niña. Un error humano la dejó expuesta a un chorro de aire caliente a elevadísima temperatura que destrozó todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo. Incapacitada para sentir dolor o placer, Lady Emma Crow ha ganado una fortuna poniendo su cuerpo a disposición de las tortuosas fantasías de algunos nobles de la Inglaterra Victoriana, e incluso de algún miembro de la Casa Real. A su opaco comportamiento se suma la presencia de una criatura sin nombre, a quien ella llama Perro y que no es más que un hombre meticulosamente despojado de toda dignidad. Encadenado por el cuello, desnudo, rapado, castrado, con un bozal y con el cuerpo lleno de cicatrices, no sabe expresarse con palabras inteligibles pero entiende perfectamente las órdenes de su ama. El origen de este homúnculo sin nombre es desconocido, pero los rumores apuntan a que un cliente de la alta sociedad se atrevió a humillar en público a Emma, dando a entender que la tenía bajo su control. Y nada molesta más a Lady Emma Crow que un hombre que no sabe cuál es el sitio que le corresponde.














